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Las inmundicias del dinero

septiembre 6, 2010

Recuerdo que hace muchos años, cuando en España se popularizaba el SEAT 124 alguien dijo que el MERCEDES era un coche de torero. Es decir, el símbolo del nuevo rico.

La marca alemana era la divisa del éxito en la vida. En España no sólo lo llevaban los toreros, también los inmigrantes que habían triunfado. Y los niños en la calle jugábamos a que conducíamos uno.

Por encima quedaban otras marcas de las que sabíamos por el Scalextric (por cierto, que después de pasar la vida juntos acabo de aprender a escribirlo) y por los amigos más avezados en el mundo del motor. Pero resultaba más probable imaginarnos ver al Skylab en el cielo que a un coche de aquéllos por la Castellana.

Un Ferrari es algo más que un coche. Es la riqueza desmedida. Es una apostilla hortera en el arte de aparentar al que se suman rápidamente los ases del pelotazo, bien sean futbolistas o constructores.

En las grandes ciudades, sin que sea habitual, ya no es extraño coincidir en un semáforo al alimón con uno de estos trastos.

Todo él es una ostentación obscena de riqueza, no necesariamente de éxito. Dudo mucho que sus conductores sepan apreciar el valor mecánico del coche sin la interferencia del precio, que es lo que lo hace realmente atractivo.

Un Ferrari es el reflejo de que algo no funciona en una sociedad que debe aspirar a un sistema de reparto de riqueza que erradique las necesidades más imperiosas de la población.

Ayer leía que los directivos de las 50 empresas que más despidos han realizado, mientras firmaban el finiquito con una mano con la otra se subían el sueldo un 42% de media.

Mientras una sola persona sea capaz de conducir un Ferrari a la vez que una gran parte de la población no cubre sus necesidades básicas se estará poniendo de manifiesto la inoperancia del sistema fiscal a la par que una injusticia social impúdica.

P.D.: La foto (del diario Público) hace referencia a una reciente exposición de Ferrari en España coincidente en el tiempo con la noticia del aumento del paro.

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2 comentarios

  1. De acuerdo, y eso que hay muchos “ferrari”, dispuestos a ser comprados por gente que en su cerebro no cabe otro proyecto que el de ostentar.
    Siempre me ha parecido triste que haya propietarios de cerebros con tan pocas ideas como para invertir en algo que es simplemente caro.
    Y no se si será demagógia, pero creo que la diferencia entre un bolso y un Vuitton se podría usar para otras cosas más útiles que para llevar un móvil y unas llaves.


    • Si, la clave es la ostentacion. Detras de ella, ademas de “pecados capitales” como la soberbia hay una clara falta de humildad y una ofensa al resto de los mortales. Sin embargo, el precio, que no el valor, suple todas las carencias morales del que lo conduce o lo viste.



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