Archive for the ‘Dinero’ Category

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Papá, quiero uno de esos

marzo 7, 2011

 

–         Papá, No entiendo una cosa. En el cole nos dicen que tenemos que comer menos, en casa que tenemos que comer menos, los médicos que tenemos que comer menos, y cuando pones la tele casi todos los anuncios son de comida.

–         Pues tienes razón Manuel. Hoy el principal problema de salud en las sociedades desarrolladas es la obesidad. Y sin embargo, como ocurría antes con el tabaco y el alcohol, se anuncia comida por todas partes. Sobre todo en los programas para vosotros los niños.

Se calcula que en España un 15% de los niños son obesos y un 20% tiene sobrepeso. En Canarias un 40%. Eso Manuel no es un problema, es una epidemia.

Los problemas que acompañan a los niños gordos son muchos, desde diabetes, maduración sexual temprana, asma, hígado graso y sobre todo autoestima. La autoestima en esas edades, cuando está herida, determina negativamente el resto de su vida. Con una baja autoestima es difícil marcarte retos personales como estudiar una carrera o encontrar tu primera pareja. A parte de que pierdes todos los beneficios del deporte, como es jugar con tus amigos.

–         Pero ¿quién tiene más culpa? ¿Los padres, el cole, los anuncios? – Me pregunta Manuel

–         Los padres tienen mucha culpa. Al final son ellos quienes compran la comida que se comen sus hijos. Además, se sabe que comer es un hábito que se aprende en casa. Así si los padres son gordos, los hijos tienen muchas probabilidades de serlo también.

Pero la publicidad también hace mucho daño porque anuncian los productos sin explicar sus componentes o aporte nutritivo y juegan mucho con la ingenuidad de los niños al llevar regalos, imágenes de dibujos animados, pertenecer a clubes. Al final os engañan con el envoltorio porque a vosotros no os importa lo que haya dentro.

–         Entonces papá ¿vamos a dejar de ir al burger o no me vas a comprar más Huevos Kinder? – Me pregunta Manuel con los ojos muy abiertos.

–         No, no se trata de prohibírtelo, pero sí que sepas que cuando te digo que no a un capricho en el súper sepas que es por tu bien y no por ahorrarme el euro que cuesta el huevo ése.

Entiendo que yo soy responsable de tu alimentación, pero también el Estado es responsable de tu educación y cuidado. Y del mismo modo que te vacunan para que no tengas ciertas enfermedades, con esto de la obesidad, que es otra enfermedad, no se hace nada serio.

–         Pero no lo entiendo. ¿por qué no se hace nada?

–         Pues vas a decir que siempre acabo con lo mismo, pero es por el dinero. Un Huevo Kinder es sólo la última pieza de un puzzle en el que participan los que hacen los juguetes de dentro, el chocolate de fuera (con sus aditivos), la publicidad, el que lo vende, el que lo lleva a la tienda. Muchas personas y mucho dinero. Al final, lo de siempre, mucho poder.

–         Bueno. Pero de vez en cuando sí. ¿lo prometes, papá?

–         Sí, hijo. Pero sólo de vez en cuando.

 

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España me confunde

febrero 21, 2011

Comparto con Manuel una noticia que he leído en el periódico: El año pasado más gente optó por marcar la casilla de la Iglesia en su declaración de la renta.

– ¿Qué quiere decir eso? – Me pregunta Manuel.

– Pues de primeras que somos un país incoherente. Los estudios sociológicos cada vez dejan más claro la laicidad de la sociedad y sin embargo, seguimos financiando con nuestros impuestos una religión.

Las bodas civiles son superiores en número a las católicas. La asistencia a misa parece algo exclusivo de los mayores y hay un déficit importante de vocación para tomar los hábitos.

No sé. A mí me confunde.

– Además, yo he aprendido en el cole que España no tiene ninguna religión. ¿Por qué se da dinero a esta?

– Un gran filósofo llamado Wittgenstein aconsejaba que nada se interpusiera entre tú y Dios. Nuestra Constitución lo dice claro al principio, España es un país aconfesional. Es decir, que no profesa ninguna religión y que todas están permitidas sin dar prioridad a una sobre otra.

Es cierto que hay una tradición católica de siglos (de la que en algunos momentos hay que avergonzarse), pero cada vez es compartida por menos gente. Además, las tradiciones no deben de ser excusa para mantener cosas injustas o aberrantes como los toros, el machismo, ciertas fiestas populares o la corrupción política. Sin duda, es un error de nuestro sistema que la tradición valga más que la Ley.

– ¿Y para qué necesita la Iglesia el dinero? ¿No lo tiene? – Me interroga Manuel.

– La Iglesia tiene mucho dinero. Tanto que hasta invierte en bolsa. Es el principal terrateniente de este país con un patrimonio de tierras y construcciones inconmensurable.

Gran parte de su patrimonio lo mantiene el Estado a través de los organismos de cultura. A los profesores de religión los paga el Ministerio de Educación. Sus organizaciones de ayuda social, como Cáritas, se financian a través de la otra casilla de la Renta y de subvenciones públicas.

¿En qué se gasta el dinero? Pues yo te diría que principalmente, a tenor de sus prominentes barrigas, en vivir lejos del modelo de austeridad que transmitió Jesucristo. Luego, tienen canales de televisión y radio que cuestan dinero y desde donde muerden la mano que les da de comer. Son así de chulos. Y por último necesitan mantener la orgía de riqueza y opulencia en la que vive el Papa en el Vaticano.

– Y papá, ¿se acabará algún día esto de pagar entre todos a la Iglesia de otros?

– Cuando llegó Zapatero al gobierno estaba convencido de que sí. Él así lo planteó en su campaña. Lo llamaba “Revisión del Concordato con la Santa Sede”. Pero luego no solo no lo “revisó” sino que ha acabado dándoles más dinero. Ha sido una de las grandes decepciones de este gobierno insulso y traidor a sus principios.

– ¿Y por qué crees que ZP no lo ha hecho?

– Porque el mundo occidental se mueve por el dinero. Los que realmente mandan son los dueños de las grandes empresas. Y en España, estas grandes compañías están copadas de señores que comulgan todos los domingos.

Para alguien que quiere gobernar un país es más importante el apoyo de las grandes empresas que 12 millones de votantes. Desgraciadamente es así.

– ¿Y esto no es traicionar a sus votantes?

– Sí. Pero es otra de las santas tradiciones españolas.

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¡Oa oa oa, mi jefe a la Moncloa!

enero 3, 2011

Existe un reclamo popular y habitual para poner al frente del país a empresarios que han demostrado su eficacia en la gestión de sus negocios: Emilio Botín, Amancio Ortega, Isidoro Álvarez, Florentino Pérez o hasta Ruiz Mateos en su día, eran animados a mudarse a la Moncloa.

Detrás de tamaña ilusión está la idea de que todos, por el simple hecho de ser españoles, somos accionistas de este país y más pronto que tarde, pondremos la mano para recibir suculentos dividendos.

Los bancos saben muy bien que si la corriente cambia los peces se van y añaden a la letra pequeña de ciertos productos la soflama de: “rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras”.

La principal (y casi exclusiva) obligación del prócer de una compañía privada es crear valor pecuniario. Ni siquiera generar empleo o desarrollo en su país. Dinero en forma de balances positivos. Cabe entender que al frente del país haría lo mismo.

El problema viene cuando las cosas no marchan y ante un conflicto laboral o un fleco deficitario se opta por la manu militari. Es decir, todos a tomar por culo. Veamos un ejemplo reciente que ratifica esta teoría. Por ejemplo, un magnate (no mangante, por Dios) como Paolo Vasile, consejero delegado de Telecinco.

En mayo de 2010, el embajador de Italia en España le entregó el Premio Grande Ufiziale de Italia. Esta distinción no era sino el reconocimiento a una labor empresarial plagada de éxitos y que había reportado pingües beneficios a accionistas y administradores de la primera cadena de televisión privada en España.

En un movimiento empresarial se hace con el control de varios medios de comunicación, como la extinta CNN+. Analiza su statu quo y qué ve: ¿una plantilla de trabajadores abnegados? ¿Un medio de comunicación objetivo y de calidad? ¿Una alternativa a otros canales de ideología extrema? ¿14 años de emisión 24 horas al día? ¿Debates edificantes moderados por periodistas consagrados? ¿Pedagogía? ¿Buen gusto?

¡UNA MIERDA!

Lo único que encuentra son 40 millones de euros de pérdidas en cinco años. ¿La solución? A la puta calle todos: Trabajadores y audiencia. ¿La alternativa? La misma mierda  que sirve de abono a la decisión empresarial: necedad para el vulgo ad nauseam.

Pues bien, si este señor llegara a ser presidente del gobierno tenga bien seguro que se acabaría la sanidad gratuita
para los débiles que enferman, las pensiones de los abuelos improductivos, los subsidios de los parados que empresas como la suya habrán despedido o la educación gratuita para aquellos que nacen con el estigma de que nunca llegarán a ser nada.

Eso sí, como ocurre tan a menudo, la adaptación inversa sería muy fácil, y una vez abandonado el poder no le faltarían ofertas de grupos empresariales para calentar oportunamente su sillón de consejero, sea como delegado o no.

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Este año sí

diciembre 20, 2010

Hace unos días paseaba por la Gran Vía de Madrid y me llamó la atención encontrar a un importante número de personas haciendo cola hacia un objetivo que no alcanzaba a ver.

Si no fuera porque sus ropas no parecían vestir a pordiosero alguno pensaría que se trataba del reflejo del paro incardinado en cualquier comedor social.

Seguí la ristra de personas con la misma curiosidad que Dorothy Gale descubría la magia de Oz. Todo el abanico sociocultural hispano estaba allí presente: mujeres mayores, hombres jóvenes, abueletes, los de acá, los de allá, los de mucho más allá. Todos.

Hacía frío en la calle. Pero eso no parecía importar a la muchedumbre. Embutidos en sus abrigos y arropados por sus bufandas cumplían con las santas virtudes de la paciencia y el orden.

Un pasito adelante y parón. Otro pasito adelante y parón. Y otro, y otro.

No los pude contar. No me apetecía rebobinar para empezar a contarles. Pero así, a ojo de un reconocido cubero, calculé unas 200 personas.

Al final, en lo que correspondería a la cabeza de tal ofidio humano encontré la respuesta en un nombre de mujer: Manolita. Bueno, para ser justos Doña Manolita, que todavía hay clases.

Entonces, me vino a la cabeza el reciente informe PISA sobre el nivel de desarrollo educativo de nuestro país y esos resultados mediocres en matemáticas. Y también lo arraigado de la superstición popular. Y entendí por qué para mucha gente el concepto de probabilidad no es más que un término agorero que sólo vale para los demás.

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Niego, luego existo

diciembre 6, 2010

Una de las primeras enseñanzas de Homer Simpson a su hijo Bart fue hacer uso en caso de emergencia de la frase: “cuando yo llegué ya estaba así”.

Es un puro ejercicio de cinismo que en el caso de un menor aceptamos con resignación. Los niños aprenden rápido a mentir. Es la manera más sencilla que existe de evitar una reprimenda. “Yo no he sido”, “no lo sabía”, “se me olvidó” son las excusas más habituales.

En el caso de los niños es más normal puesto que forma parte de su propia evolución y en edades tempranas la conciencia de la responsabilidad no ha hecho aparición por lo que se mueven de acuerdo a premisas básicas de evitación del castigo y búsqueda del premio.

Sin embargo, a un adulto cabe exigirle ciertos valores de orden superior que se hacen aún más imprescindibles ante la coincidencia de ser cargo representativo.

Los casos de corrupción pública y mala praxis que copan los titulares informativos a diario se acompañan en una grotesca mayoría del arte de la negación.

El proceso es siempre el mismo, denuncia pública, investigación, aportación de pruebas (públicas, de nuevo), testificaciones, imputaciones y espera a juicio.

La directriz que sigue el crápula es fácil de aprender: Negar, negar, negar. En algunos casos se adereza de términos como “conspiración”, “persecución”, “electoralismo”, etc.

Ante la evidencia empírica del latrocinio se pasa a la estrategia número dos: Seguir negando.

Y si se llega a la condena judicial aparece la estrategia número tres, sobre todo para aquéllos que ponían la mano en el fuego por el reo: “acatamos la sentencia pero no la compartimos”.

Puestos a elegir no sé qué es peor los Homers o los Barts dirigiendo nuestros designios.

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A la buchaca

septiembre 20, 2010

Pablo tiene 10 años. Es hijo único y vive con sus padres en un pequeño pueblo de la provincia de Granada. Es un niño más cuya vida gira en torno al colegio y los amigos.

Su padre, Rafael, es agricultor y su familia ara la misma tierra desde hace cuatro generaciones. Cosecha una amplia gama de frutas que son compradas al por mayor por una cooperativa local en régimen de monopolio.

Rafael no quiere que su hijo le ayude en el campo. Quiere que se centre en sus estudios porque se da cuenta de que cada vez su trabajo es más ingrato: más esfuerzo por menos beneficio.

Pablo lleva un tiempo pidiéndole a su padre que le compre una Playstation. Pero el padre se niega. Cree que es mucho dinero y que además le distraerá de sus estudios. En este sentido, el padre se muestra firme y se justifica diciendo que no le sobra y que prefiere invertir ese dinero en su formacion.

Pablo, a su edad, no termina de entender que no haya dinero para su consola con todo el género que ve encajar al padre.

Un día Pablo coincidió con su padre mientras el camión de la cooperativa se llevaba varios cientos de sandías para darle salida en el mercado. Aburrido, por entretenerse, cogió un rotulador y pintó en una de las sandías un garabato de un muñeco: un círculo que era la cabeza, unos puntos para los ojos y líneas alambreadas para tronco y extremidades. Y ahí quedó.

El fin de semana llegó y como hecho extraordinario fueron a Granada a pasar el día y a hacer unas compras. Entraron en un centro comercial y al pasar por la zona de frutería Pablo, como aquel niño que encontró su soldadito de plomo en el vientre de un pez, pasó por delante de una sandía rubricada y en seguida la reconoció. Sí, era su garabato y su sandía.

La emoción y la importancia que se autoaplicó al verse ungido por el azar no le impidieron ver que la sandía costaba casi 5 euros.

Pablo se enfadó mucho. De camino a casa en el coche no quiso hablar y por más que sus padres insistían en saber qué le ocurría, él no soltaba prenda. Estuvo varios días enfadado y con la sensación de que su padre le había fallado. Le había mentido cuando se quejaba de la falta de dinero.

Pablo estaba convencido de que si cada sandía se vendía a 5 euros su padre con cada partida debía ganar un dineral y no quería comprarle su Playstation.

Lo que Pablo no sabía y tardó varios años en descubrir es que su padre por aquella sandia no recibió más de 36 céntimos.

¿El resto hasta los 4’80 euros que costaba en el hipermercado? Gastos, sólo gastos.

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Las inmundicias del dinero

septiembre 6, 2010

Recuerdo que hace muchos años, cuando en España se popularizaba el SEAT 124 alguien dijo que el MERCEDES era un coche de torero. Es decir, el símbolo del nuevo rico.

La marca alemana era la divisa del éxito en la vida. En España no sólo lo llevaban los toreros, también los inmigrantes que habían triunfado. Y los niños en la calle jugábamos a que conducíamos uno.

Por encima quedaban otras marcas de las que sabíamos por el Scalextric (por cierto, que después de pasar la vida juntos acabo de aprender a escribirlo) y por los amigos más avezados en el mundo del motor. Pero resultaba más probable imaginarnos ver al Skylab en el cielo que a un coche de aquéllos por la Castellana.

Un Ferrari es algo más que un coche. Es la riqueza desmedida. Es una apostilla hortera en el arte de aparentar al que se suman rápidamente los ases del pelotazo, bien sean futbolistas o constructores.

En las grandes ciudades, sin que sea habitual, ya no es extraño coincidir en un semáforo al alimón con uno de estos trastos.

Todo él es una ostentación obscena de riqueza, no necesariamente de éxito. Dudo mucho que sus conductores sepan apreciar el valor mecánico del coche sin la interferencia del precio, que es lo que lo hace realmente atractivo.

Un Ferrari es el reflejo de que algo no funciona en una sociedad que debe aspirar a un sistema de reparto de riqueza que erradique las necesidades más imperiosas de la población.

Ayer leía que los directivos de las 50 empresas que más despidos han realizado, mientras firmaban el finiquito con una mano con la otra se subían el sueldo un 42% de media.

Mientras una sola persona sea capaz de conducir un Ferrari a la vez que una gran parte de la población no cubre sus necesidades básicas se estará poniendo de manifiesto la inoperancia del sistema fiscal a la par que una injusticia social impúdica.

P.D.: La foto (del diario Público) hace referencia a una reciente exposición de Ferrari en España coincidente en el tiempo con la noticia del aumento del paro.