Archive for the ‘Religion’ Category

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España me confunde

febrero 21, 2011

Comparto con Manuel una noticia que he leído en el periódico: El año pasado más gente optó por marcar la casilla de la Iglesia en su declaración de la renta.

– ¿Qué quiere decir eso? – Me pregunta Manuel.

– Pues de primeras que somos un país incoherente. Los estudios sociológicos cada vez dejan más claro la laicidad de la sociedad y sin embargo, seguimos financiando con nuestros impuestos una religión.

Las bodas civiles son superiores en número a las católicas. La asistencia a misa parece algo exclusivo de los mayores y hay un déficit importante de vocación para tomar los hábitos.

No sé. A mí me confunde.

– Además, yo he aprendido en el cole que España no tiene ninguna religión. ¿Por qué se da dinero a esta?

– Un gran filósofo llamado Wittgenstein aconsejaba que nada se interpusiera entre tú y Dios. Nuestra Constitución lo dice claro al principio, España es un país aconfesional. Es decir, que no profesa ninguna religión y que todas están permitidas sin dar prioridad a una sobre otra.

Es cierto que hay una tradición católica de siglos (de la que en algunos momentos hay que avergonzarse), pero cada vez es compartida por menos gente. Además, las tradiciones no deben de ser excusa para mantener cosas injustas o aberrantes como los toros, el machismo, ciertas fiestas populares o la corrupción política. Sin duda, es un error de nuestro sistema que la tradición valga más que la Ley.

– ¿Y para qué necesita la Iglesia el dinero? ¿No lo tiene? – Me interroga Manuel.

– La Iglesia tiene mucho dinero. Tanto que hasta invierte en bolsa. Es el principal terrateniente de este país con un patrimonio de tierras y construcciones inconmensurable.

Gran parte de su patrimonio lo mantiene el Estado a través de los organismos de cultura. A los profesores de religión los paga el Ministerio de Educación. Sus organizaciones de ayuda social, como Cáritas, se financian a través de la otra casilla de la Renta y de subvenciones públicas.

¿En qué se gasta el dinero? Pues yo te diría que principalmente, a tenor de sus prominentes barrigas, en vivir lejos del modelo de austeridad que transmitió Jesucristo. Luego, tienen canales de televisión y radio que cuestan dinero y desde donde muerden la mano que les da de comer. Son así de chulos. Y por último necesitan mantener la orgía de riqueza y opulencia en la que vive el Papa en el Vaticano.

– Y papá, ¿se acabará algún día esto de pagar entre todos a la Iglesia de otros?

– Cuando llegó Zapatero al gobierno estaba convencido de que sí. Él así lo planteó en su campaña. Lo llamaba “Revisión del Concordato con la Santa Sede”. Pero luego no solo no lo “revisó” sino que ha acabado dándoles más dinero. Ha sido una de las grandes decepciones de este gobierno insulso y traidor a sus principios.

– ¿Y por qué crees que ZP no lo ha hecho?

– Porque el mundo occidental se mueve por el dinero. Los que realmente mandan son los dueños de las grandes empresas. Y en España, estas grandes compañías están copadas de señores que comulgan todos los domingos.

Para alguien que quiere gobernar un país es más importante el apoyo de las grandes empresas que 12 millones de votantes. Desgraciadamente es así.

– ¿Y esto no es traicionar a sus votantes?

– Sí. Pero es otra de las santas tradiciones españolas.

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Este año sí

diciembre 20, 2010

Hace unos días paseaba por la Gran Vía de Madrid y me llamó la atención encontrar a un importante número de personas haciendo cola hacia un objetivo que no alcanzaba a ver.

Si no fuera porque sus ropas no parecían vestir a pordiosero alguno pensaría que se trataba del reflejo del paro incardinado en cualquier comedor social.

Seguí la ristra de personas con la misma curiosidad que Dorothy Gale descubría la magia de Oz. Todo el abanico sociocultural hispano estaba allí presente: mujeres mayores, hombres jóvenes, abueletes, los de acá, los de allá, los de mucho más allá. Todos.

Hacía frío en la calle. Pero eso no parecía importar a la muchedumbre. Embutidos en sus abrigos y arropados por sus bufandas cumplían con las santas virtudes de la paciencia y el orden.

Un pasito adelante y parón. Otro pasito adelante y parón. Y otro, y otro.

No los pude contar. No me apetecía rebobinar para empezar a contarles. Pero así, a ojo de un reconocido cubero, calculé unas 200 personas.

Al final, en lo que correspondería a la cabeza de tal ofidio humano encontré la respuesta en un nombre de mujer: Manolita. Bueno, para ser justos Doña Manolita, que todavía hay clases.

Entonces, me vino a la cabeza el reciente informe PISA sobre el nivel de desarrollo educativo de nuestro país y esos resultados mediocres en matemáticas. Y también lo arraigado de la superstición popular. Y entendí por qué para mucha gente el concepto de probabilidad no es más que un término agorero que sólo vale para los demás.

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La memoria es frágil

noviembre 15, 2010

Para llegar a la estación de Diagonal donde Marcial había quedado con su amigo Martín, debía hacer trasbordo en Sagrada Familia. Las líneas 2 y 5 coinciden allí.

Tetuán, Monumental y Sagrada Familia. Las puertas del vagón se abrieron y a la vez que ponía un pie en el andén decenas de personas trataban de entrar en el habitáculo que se quedaba a su espalda. La muchedumbre que se daba cita en esa estación hacía muy difícil transitar sin que la integridad física de unos y otros corriera peligro.

Prisas y excitación coincidían con banderas y pancartas. Peligrosa amenaza para pasillos tan estrechos.

A Marcial le costó llegar a la escalera mecánica pero lo consiguió. El contraste entre los cientos de personas que bajaban por la escalera contigua y las muy escasas que subían junto a él era escandaloso.

Los que bajaban, por la derecha, empleaban los escasos 15 segundos de escalera en observar a los que subían. Y viceversa.

Religiosas, jóvenes risueños, algún inmigrante y familias, muchas familias.

Marcial no había llegado aún a la mitad del ascenso cuando le llamó la atención una familia que realizaba el viaje inverso. Dos niños adecentados con lustrosa ropa e inmaculados cabellos llevaban sendas pancartas de pequeño tamaño. En una se adivinaba una breve salutación: “Benvingut Benedicto”. La segunda pancarta sólo pudo leerla cuando el padre la recogió de las manos del niño pequeño: “Dejadnos nacer”, decía.

Absorto en la gente que bajaba por la escalera y en intentar leer las jaculatorias de sus estandartes, Marcial tardó en reconocer a la madre que acompañaba a familia tan ejemplar. Ambos lo hicieron casi a la vez. Ella, a diferencia de sus hijos, iba ataviada con ropa más informal,  un jersey de rombos, una mochila pequeña  y una banderola con el lema “Bienvenido Santo Padre”.

El rostro de ella estaba descompuesto: tensión, nerviosismo, tormento, todo en uno. Y sin embargo, no lograba retirar la mirada de él. Como ya había ocurrido una vez en el pasado, ambas escaleras fueron separándolos a estancias con diferente iluminación, la que abordaba Marcial empezaba a disfrutar ya de algo de luz natural. Ella, por su parte, descendía de nuevo a los infiernos iluminados por una tenue luz artificial.

Casi a la vez cada uno llegó al final de la escalera. Obligados por el paso a tierra firme dejaron de mirarse y siguieron sus caminos, que eran sus vidas.

 Marcial todavía tardó 20 minutos más en llegar a la cita con Martín. Allí, sentado con un café en una butaca del Starbucks le esperaba su mejor amigo. Aún sobrecogido por la experiencia Marcial se sentó en la butaca y le dijo a Martín:

 –         ¿A qué no sabes a quién he visto? ¿Te acuerdas de Sonsoles? ¿La que era mi jefa? ¿Con la que estuve enrollado hace un año? Pues la he visto volviendo con toda su familia de la visita del Papa.

–         ¿Habíais vuelto a hablar desde aquello? – Preguntó Martín

–         ¿El qué? ¿Lo del aborto? No, el día que salimos de la clínica me dijo que me llamaría. Pero no, nunca lo hizo.

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Crónica de sociedad

noviembre 8, 2010

 

El Hospital Público de Jerez de la Frontera se complace en anunciar el nacimiento de Nicoleta. Tras 40 semanas de gestación y con un peso de 2 kilos y 900 gramos ha venido a este mundo sin ninguna complicación en especial.

Tanto su madre, Elena, como la niña se encuentran en perfecto estado. Su abuela de 25 años se congratula del feliz alumbramiento.

Ante el deficiente desarrollo mamario de la madre y con el fin de que la criatura salga adelante como cabe esperar de un bebé recién nacido, el pediatra ha dispuesto descartar la lactancia natural a cambio de una alimentación basada en leches artificiales complementada con vitaminas que fortalezcan su frágil sistema inmunitario.

El joven padre todavía no ha podido conocer a su primer vástago pues tenía examen de sociales, asignatura ésta para la que venía preparándose con más ahínco que la paternidad. Cuestión de prioridades.

Elena recibirá un curso acelerado por la Consejería de Asuntos Sociales en las lindes de la crianza. No tuvo la oportunidad de acceder a ninguna formación reglada sobre sexualidad. Pues esas temáticas aplicadas a menores sólo promueven la masturbación compulsiva entre coito y coito.

La caterva mojigata “pro vida” brinda porque se ha demostrado una vez más que para ser madre sólo hay que pedírselo a Dios con muchas ganas y Él, omnipotente, otorga. ¡Qué feliz es Elena, 10 añitos y una hija que criar! Sin duda una alumna aventajada de la asignatura “sexo=caca, dejadlos nacer”.

Por este Hospital se espera la llegada de un momento a otro de la caravana inmaculada y bien ungida del Foro de la Familia para ofrecer su apoyo económico y psicológico a las dos niñas (madre e hija). Se sabe que llevan de regalo una muñeca aunque se desconoce a quién de las dos va dirigida.

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Sobre pulpos y otras deidades

julio 19, 2010

Cuentan que en tiempos de sequía, hace ya unos años, en una población burgalesa el pueblo en masa acudió a la iglesia para pedir al cura que sacara al santo en procesión para que con su intermediación lloviera. El cura se asomó a la escalinata de la iglesia, miró hacia el cielo y dijo: “yo si queréis lo saco. Pero no está el cielo como para llover”.

La superstición y la religión son todo uno. Un país como España que durante 40 años fue la Reserva Espiritual de Occidente no puede negarle el pábulo a otras deidades paganas.

El 75% de los españoles se declara católico. Las fiestas de homenaje a santos, vírgenes y patronos engalanan las calles con guirnaldas y farolillos rojigualdas. Por su parte, la suprema, la de Semana Santa, no está entre las principales maravillas de la UNESCO porque faltaba un sello al presentar la candidatura.

Iniciativas democráticas como el aborto o el matrimonio homosexual se enconan con los preceptos básicos religiosos echando a la calle a miles de familias que pronostican el abocamiento al fin de la civilización.

La superstición es necesaria allí donde la habilidad de uno no llega. La encomienda a Dios para la sanación del pariente, el aprobado de la hija o el Premio Gordo constituye el último recurso del solícito creyente. Nadie asiduo a Bricomanía reza un Padrenuestro antes de empezar a componer un dispensador de kleenex, porque controla la situación.

De entre las imágenes más llamativas de este Mundial destaco las escenas de solemnidad mística. En los prolegómenos de cada partido resultaba curioso ver a los jugadores santiguándose con vehemencia y poniendo su éxito en las manos (o pies) de su particular becerro de oro. De toda esta escenificación, por otra parte nada nueva, me llamaba la atención cómo decidiría Dios a quién dar la victoria puesto que ambos se encomendaban a Él. Supongo que Dios ante la disyuntiva de no mostrar preferencia por ninguno de los dos y por mor de su ecuanimidad a la par que magnanimidad optaba porque ganara el que más goles metiera.

Una religión tan iconoclasta como la Católica a la que sólo le falta, al más puro estilo Ned Flanders, el álbum de cromos nos ha mostrado a Dios en una nueva forma, la de un pulpo.

¡Qué grande Paul y su desparpajo en la predicción de los ganadores! Un animal que por no tener no tiene ni tronco ha demostrado ser más fiable que muchos miembros permanentes del Santoral. Los momentos estelares de su actuación han copado todos los medios de comunicación retirando protagonismo a los otros “pulpos” de lo ajeno que moran en la costa levantina.

Poco más tiene que demostrar Paul. Es por ello, que reivindico una mayor consideración de la sociedad hacia los moluscos, empezando por la inclusión en el Código Penal del pulpo a feira y la construcción de una ciudad pulpística a la vera de la Catedral de la Almudena para deshonra, chanza, burla y mofa de otros adivinos de mitra, báculo y anillo pastoral.