Archive for the ‘Vida’ Category

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Cuando los 110 se quedan cortos

marzo 14, 2011

 

–         Papá, ¿por qué ese coche va tan rápido y se cambia de carril todo el rato? – me pregunta Manuel.

–         Supongo que al volante va un irresponsable que se cree que está solo en la carretera.

–         Pero un día se puede chocar. ¿No lo sabe?

–         Sí lo sabe, pero no se hace a la idea. Seguramente es una persona con una gran autoestima y seguridad en sí misma. Eso le hace asumir más riesgos de los necesarios. Son personas con poca capacidad de previsión y eso les lleva a no ver lo que les puede ocurrir.

–         Pues que le pase algo, peor para él.

–         No del todo Manuel. Si ese descerebrado llegara a chocarse, aunque lo hiciera él solo, sin dañar a nadie más, producirá unos destrozos en el mobiliario público que pagamos nosotros. Vivo o muerto le tienen que atender sanitarios, policía y hasta bomberos. Si se muere, aumenta la siniestralidad y nos suben los seguros a todos. Además, su familia sufrirá mucho y no se lo merece. Y si no se muere, adivina quién se va a hacer cargo de cuidarle. Pues sí, todos los demás. Si trabaja, le darán una baja laboral que volvemos a costear entre todos y la empresa en la que trabaje se tendrá que reestructurar para cubrir su baja.

Pero el problema no es solo que pueda tener un accidente. Es que ya, con su actitud, nos está poniendo en riesgo a nosotros, y no nos merecemos eso. Sus problemas con su exceso de confianza no deben afectarnos a nosotros. Por eso, esta gente debe ser alejada de los demás.

Cuando se es joven es muy habitual esa actitud de riesgo. Tiene que ver con las hormonas y la maduración. Pero es responsabilidad de sus educadores (incluidos los padres) y del Estado garantizar que no va a ser un peligro para los demás.

El problema de los accidentes, Manuel, es que no tienen marcha atrás. Y cuando el daño está hecho no hay sentencia judicial ni indemnización que compense la pérdida. El dolor que genera es desgarrador. Porque además es un dolor que llega de sopetón, sin avisar. A veces el teléfono suena de madrugada, mientras duermes y te preguntan si eres familiar de fulano. Y se tarda mucho en aceptarlo, si no, toda la vida.

¿Sabes cuál es la única parte positiva de esto?

 –          No sé. Dime.

 –          Pues que el criminal en potencia se convierte a la vez en donante de órganos potencial. Es como una redención. Me llevo vida pero también la devuelvo.

–         Pues yo que quería tener un Ferrari de mayor.

–         Puedes tenerlo. Pero siempre que tu disfrute no suponga una amenaza para los demás.

–         Entiendo. Nada de experimentos.

–         Eso es Manuel. Eso es.

 

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El noble arte de mirarse el ombligo

enero 31, 2011

Buenos días. Interrumpimos nuestro programa para informar de que hace escasos minutos ha estallado una bomba en el aeropuerto de Moscú.

Conectamos con nuestro corresponsal en la zona.

– Charo Romero Ruiz, por favor, ¿puedes contarnos qué ha ocurrido?

– Sí, ha sido a la una y media de la tarde en la terminal de llegadas cuando un artefacto ha hecho explosión provocando una auténtica masacre.

– Charo, ¿sabemos si hay algún español entre los muertos o heridos?

– No, hay afectados de diversas nacionalidades pero ninguno español.

– Entonces, nos confirmas que nuestros compatriotas que pudieran estar allí en ese momento se encuentran bien.

– Sí, así es.

– Bien, una vez que sabemos que no hay españoles entre los damnificados, háblanos del resto de afectados.

– Pues el balance provisional es de 35 muertos y 180 heridos, algunos de ellos en estado crítico.

– Vaya por Dios.

Nota: Basado en hechos reales.

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Fumando espero

enero 10, 2011

Cuando uno va a donar sangre debe leer y contestar un cuestionario de unas 20 preguntas sobre su estilo de vida y estado de salud.

Generalmente se marca la casilla del NO en 19 de las 20 preguntas: “usted pesa menos de 50 Kgs.”; “le han intervenido quirúrgicamente en el último mes”; “ha recibido una transfusión de sangre”; “padece paludismo”, etc.

Sin embargo, la pregunta 20 está incluida para descubrir a los que por dejadez contestan a todo que NO sin llegar a leer la pregunta, y dice así: “¿Ha sido sincero al responder?”. Los que no han reparado en el contenido de las preguntas, por esa inercia tienden a elegir también la casilla del NO. Y ahí se descubre su falta.

 Con la reciente implantación de la Ley Antitabaco ha ocurrido algo parecido. Ha habido una pasada de frenada en la carrera de decir que NO a todo lo que provenga del Gobierno de la Nación, del maldito ZP y sus secuaces de morritos sugerentes.

Esta actitud contraria al sentido común del Siglo XXI se pretende justificar desde la defensa de la libertad del 30% de la población fumadora (naturalmente frente al otro 70% que les respira), desde la denuncia de una cortina de humo (nunca mejor dicho) del Gobierno ante sus desaguisados e incluso desde la defensa de una tradición que ni el Toro de Tordesillas: 500 años de una España fumadora.

Al paroxismo por defender lo indefendible se llega cuando desde ciertas tertulias de corte ultra conservador se hace apología del tabaquismo: Se venden los beneficios de fumar en términos de placer onanista y de generación de empleo.

Paralelamente, resulta definitivo descubrir cómo los locales partidarios de la desobediencia entre línea y línea de su “Aquí se puede fumar” despliegan sus consignas anti ZP: A jodidos no nos gana nadie, pensarán.

Años de inversión en campañas del Ministerio de Sanidad para destacar los riesgos de fumar (30%) y de respirar el huno ajeno (70%) para que al final se descubra que sólo son intereses partidistas los que motivan tales avisos. Porca miseria.

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¡Oa oa oa, mi jefe a la Moncloa!

enero 3, 2011

Existe un reclamo popular y habitual para poner al frente del país a empresarios que han demostrado su eficacia en la gestión de sus negocios: Emilio Botín, Amancio Ortega, Isidoro Álvarez, Florentino Pérez o hasta Ruiz Mateos en su día, eran animados a mudarse a la Moncloa.

Detrás de tamaña ilusión está la idea de que todos, por el simple hecho de ser españoles, somos accionistas de este país y más pronto que tarde, pondremos la mano para recibir suculentos dividendos.

Los bancos saben muy bien que si la corriente cambia los peces se van y añaden a la letra pequeña de ciertos productos la soflama de: “rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras”.

La principal (y casi exclusiva) obligación del prócer de una compañía privada es crear valor pecuniario. Ni siquiera generar empleo o desarrollo en su país. Dinero en forma de balances positivos. Cabe entender que al frente del país haría lo mismo.

El problema viene cuando las cosas no marchan y ante un conflicto laboral o un fleco deficitario se opta por la manu militari. Es decir, todos a tomar por culo. Veamos un ejemplo reciente que ratifica esta teoría. Por ejemplo, un magnate (no mangante, por Dios) como Paolo Vasile, consejero delegado de Telecinco.

En mayo de 2010, el embajador de Italia en España le entregó el Premio Grande Ufiziale de Italia. Esta distinción no era sino el reconocimiento a una labor empresarial plagada de éxitos y que había reportado pingües beneficios a accionistas y administradores de la primera cadena de televisión privada en España.

En un movimiento empresarial se hace con el control de varios medios de comunicación, como la extinta CNN+. Analiza su statu quo y qué ve: ¿una plantilla de trabajadores abnegados? ¿Un medio de comunicación objetivo y de calidad? ¿Una alternativa a otros canales de ideología extrema? ¿14 años de emisión 24 horas al día? ¿Debates edificantes moderados por periodistas consagrados? ¿Pedagogía? ¿Buen gusto?

¡UNA MIERDA!

Lo único que encuentra son 40 millones de euros de pérdidas en cinco años. ¿La solución? A la puta calle todos: Trabajadores y audiencia. ¿La alternativa? La misma mierda  que sirve de abono a la decisión empresarial: necedad para el vulgo ad nauseam.

Pues bien, si este señor llegara a ser presidente del gobierno tenga bien seguro que se acabaría la sanidad gratuita
para los débiles que enferman, las pensiones de los abuelos improductivos, los subsidios de los parados que empresas como la suya habrán despedido o la educación gratuita para aquellos que nacen con el estigma de que nunca llegarán a ser nada.

Eso sí, como ocurre tan a menudo, la adaptación inversa sería muy fácil, y una vez abandonado el poder no le faltarían ofertas de grupos empresariales para calentar oportunamente su sillón de consejero, sea como delegado o no.

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Este año sí

diciembre 20, 2010

Hace unos días paseaba por la Gran Vía de Madrid y me llamó la atención encontrar a un importante número de personas haciendo cola hacia un objetivo que no alcanzaba a ver.

Si no fuera porque sus ropas no parecían vestir a pordiosero alguno pensaría que se trataba del reflejo del paro incardinado en cualquier comedor social.

Seguí la ristra de personas con la misma curiosidad que Dorothy Gale descubría la magia de Oz. Todo el abanico sociocultural hispano estaba allí presente: mujeres mayores, hombres jóvenes, abueletes, los de acá, los de allá, los de mucho más allá. Todos.

Hacía frío en la calle. Pero eso no parecía importar a la muchedumbre. Embutidos en sus abrigos y arropados por sus bufandas cumplían con las santas virtudes de la paciencia y el orden.

Un pasito adelante y parón. Otro pasito adelante y parón. Y otro, y otro.

No los pude contar. No me apetecía rebobinar para empezar a contarles. Pero así, a ojo de un reconocido cubero, calculé unas 200 personas.

Al final, en lo que correspondería a la cabeza de tal ofidio humano encontré la respuesta en un nombre de mujer: Manolita. Bueno, para ser justos Doña Manolita, que todavía hay clases.

Entonces, me vino a la cabeza el reciente informe PISA sobre el nivel de desarrollo educativo de nuestro país y esos resultados mediocres en matemáticas. Y también lo arraigado de la superstición popular. Y entendí por qué para mucha gente el concepto de probabilidad no es más que un término agorero que sólo vale para los demás.

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Soy un intolerante

diciembre 13, 2010

Acepto que tu salud es algo que sólo te incumbe a ti. Que disfrutas haciéndolo. Que son ya muchos años y que ahora no vas a cambiar. Que una vez intentaste no volver a hacerlo y sufriste mucho. Que te sientas de la misma laya que cualquier diva del cine clásico. Que sepas excogitar razones espurias con las que crees que ganas mi aceptación. Que la libertad individual es un derecho natural. Que si fuera tan pernicioso lo prohibirían. Que no eres la única. Que tú eres así y no piensas cambiar.

Pero no tolero que el aroma de las especias de mi comida se reinvente en una atmósfera que tú enturbias. Que mi ropa arrastre el resto del día la firma de tu razón a sentirte a gusto. Que la niebla haga acto de presencia en mis pulmones. Que mi pelo, o lo que queda de él, se torne hediondo. Que cuando nos encontramos sea un beso con más alquitrán que pasión la realidad del contacto tan deseado. Que cuando pasas por casa, con tu marcha, las ventanas se abran dejando libre el espectro fatal que abandonas. Que tus orgasmos reclamen nicotina.

Lo siento cariño, yo también soy así, un intolerante que no piensa cambiar.

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Presunción de culpabilidad

noviembre 29, 2010

A Miguel le fue a buscar la policía a su lugar de trabajo un lunes al mediodía. Recuerda cómo le conmocionó ver en la recepción de su compañía a cuatro policías que le solicitaban que se identificara.

Una vez hecho esto le informaron de que estaba detenido porque su mujer le había denunciado por una agresión.

De nada le sirvió jurar y perjurar que eso era falso. Debían ponerle a disposición judicial.

Cuando uno de los policías desenganchó sus esposas del cinto, Miguel suplicó que en su empresa no, que por favor le dejaran salir sin esposar. El policía aceptó.

Las siguientes horas de Miguel fueron indescriptibles en un hombre que lo más cerca que estuvo de la cárcel fue cuando hizo aquel cambio de sentido irregular en la calle Doctor Esquerdo.

Miguel pasó 20 horas en un calabozo lúgubre y después de aquello, esta vez sí esposado, le llevaron a declarar ante el juez.

Su mujer le había denunciado con el pretexto de que la había agarrado del brazo en una discusión. No había parte de lesiones, no había testigos, no había pruebas, no había nada. Sólo la declaración de ella.

Inicialmente, el juez le puso en libertad a la espera del procedimiento penal según la Ley de Violencia de Género. Le prohibieron volver a su casa y ver a sus hijos, porque por “razones cautelares” le acababan de retirar su custodia.

Dos meses después tuvo lugar el juicio. Salió absuelto por falta de pruebas. Paralelamente, ella consiguió en su divorcio unas condiciones sumamente satisfactorias, porque separarse de un supuesto maltratador te otorga mucho poder.

La vida de Miguel cambió, su estabilidad emocional se resintió y el Derecho Universal a la Presunción de Inocencia se constituyó en la anomia que se dio en llamar “Medidas cautelares”.