Posts Tagged ‘brutalidad’

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Kitty Genovese o el Efecto Espectador o la Crisis Social

agosto 9, 2010

 

 

Catherine Susan (Kitty) Genovese murió en Nueva York el 13 de marzo de 1964 con 29 años.

 

Llegaba a su casa de madrugada en el barrio de Queens después de trabajar cuando Winston Moseley la atacó.

 

La primera intención del atacante fue robarle pero ante la resistencia de la víctima y los gritos que profería, aquél optó por acuchillarla.

 

Kitty no murió, pero quedó malherida en la calle.

 

Unos 20 minutos después, tendida aún en la calle pues nadie la había socorrido, su asesinó volvió y además de acuchillarla de nuevo abusó sexualmente de ella.

 

Un vecino llamó a los servicios de emergencia que poco pudieron hacer por su vida.

 

Hasta aquí no deja de ser una historia de violencia cotidiana en un barrio neoyorquino. Una víctima más que engrosaría las estadísticas de criminalidad al finalizar el año.

 

Lo que llamó la atención de este caso a la opinión pública es que se calcula que 38 vecinos, asomados a sus ventanas, vieron el mortal ataque sin hacer nada, como meros espectadores de una película de suspense. Sólo al final del segundo ataque un vecino llamó a la policía.

 

Este caso trascendió de lo policial a lo social y dos investigadores, John Darley y Bibb Latané, trabajaron en lo que dieron en llamar “El Efecto Espectador”.

 

La conclusión a la que llegaron es que la posibilidad de que alguien muestre iniciativa ante un ataque a un tercero es inversamente proporcional al número de personas que lo acompañan. Es decir, que si alguien, solo o poco acompañado, es testigo de una agresión es más probable que se inmiscuya que si está acompañado de mucha gente.

 

¿Por qué ocurre esto? Entre las diversas hipótesis que se barajan está el pensar que otro asumirá esa iniciativa. Pero también se conjetura que muchas personas perciben lo que le ocurre a otros como ajeno a su incumbencia y que si la víctima no pide ayuda explícita no se le da: Efecto Espectador.

 

Traigo aquí está historia ante la pobre repercusión social que está teniendo la crisis económica en nuestro país. Cuando 800.000 familias tienen a todos sus miembros en paro, cuando hay cientos de miles de personas por encima de los 45 años que no podrán volver a trabajar nunca, cuando hay provincias con índices de desempleo cercanos al 50% y cuando se recortan por decreto las políticas sociales y los derechos de los trabajadores nadie sale a la calle.

 

Y nadie sale a la calle porque somos espectadores de un drama que de momento afecta a una población desahuciada y de poca relevancia.

 

Pero como dijo Bertolt Bretcht, mañana nos puede tocar a nosotros y pasaremos de espectadores a protagonistas y ahí no hay más efecto que el de sobrevivir.

 

P.D.: “A la calle, que ya es hora de pasearnos a cuerpo”. –Gabriel Celaya

 

P.D2.: Dedicado a @Kurioso quien me ha inspirado desde la agradable lectura de su libro: “Bocados de realidad”.

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En Seseña sólo hay víctimas

abril 12, 2010

La adolescencia es como un espectáculo de prestidigitación: nada por aquí, nada por allá y de repente ¡zas! un conejo.

Los cambios físicos y hormonales se acompañan del inicio de los deberes y derechos ciudadanos. Así por ejemplo, una niña de 12 años debe de ir en coche de sus padres llevando una silla especial, pero cuando cumple 13 puede tener relaciones sexuales consentidas. Con 14 ya se puede casar, pero en su boda tendrá prohibido fumar. Con 15 no puede beber alcohol y a los 16 aborta con permiso de los padres, de momento. A los 17 debe elegir su futuro profesional pero hasta los 18 no podrá elegir el de su país.

Un galimatías en el que el adolescente no sabe dónde se encuentra. Joven para unas cosas, demasiado mayor para otras.

La suerte que tienen estos adolescentes es que sí hay gente que tiene más claro dónde están y cuáles son sus obligaciones.

El triste suceso de Seseña en donde una ¿chica? (francamente, no sé cómo definirla) de 14 años ha matado a otra de 13 ha vuelto a despertar la conciencia de los Torquemadas del siglo XXI. ¡A la cárcel con ella! ¡Que cumpla la condena íntegra! ¡Acabemos con los asesinos de nuestros hijos!

Curiosamente, como el mago del conejo, éstos mismos que con 14 años la consideran suficientemente madura para afrontar la pena de un adulto, son los que cuando tiene 16 y se queda embarazada vuelven a llamarla niña. ¡Hacer abortar a una criatura de 16 años! Gritan descompuestos y con los ojos irrigados de sangre.

Lo queramos o no, nuestro Código Penal, uno de los más estrictos y rígidos de Europa (prueba de ello es el hacinamiento que viven nuestras cárceles) considera a un ¿chica? de 14 años menor, y por lo tanto se le aplica un Régimen Disciplinario de menores. ¡En un par de años estará en la calle otra vez matando! Gritan los más rudos.

En el caso de Seseña, que ha vuelto a abrir la caja de Pandora de la Justicia Popular (o populista), lo que más me ha extrañado es que no he oído ni leído mención alguna a los padres de la chica convicta. No sé nada sobre cómo ha sido su educación, qué amor se le ha transmitido, en qué ambiente se ha criado, y si alguien la escuchaba cuando necesitaba contar algo.

Sin duda la responsabilidad penal es de ella. Pero hay otras responsabilidades que llevan a una ¿chica? de 14 años a matar y que se escapan de su control para caer en nuestro campo, el de los adultos. Las chicas de 14 años no matan. Las chicas de 14 años se divierten con sus amigos, flirtean con sus primeros amores y se llenan la pared de pósters de actores y cantantes.

¿Qué lleva a alguien de 14 años a convertirse en asesina? Busquemos un argumento convincente y expliquémoselo a ella. Porque seguro que necesita tantas respuestas como su víctima.

Pobre la víctima. Pobre el verdugo.

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La vida ocurre entre bambalinas

marzo 8, 2010

La foto que acompaña este texto la tomé hace un par de meses en el Metro de Madrid. Me llamó la atención porque a pesar de tener toda la razón nunca había reparado en ello. De repente me vino a la cabeza la película de Dumbo y como la madre es encadenada y castigada.

 Ya digo, nunca había reparado en la crueldad del circo y desde muy pequeño había sido consciente de ella.

 Pero más allá de una simple (y no menos necesaria) defensa de la dignidad de los animales, la denuncia que acompaña la foto me anima a haceros reflexionar sobre el precio del éxito.

 A lo largo de la vida, en este mundo en que vivís, os encontraréis todo tipo de mensajes que despertarán vuestro interés: Un coche rápido, un futbolista aclamado, un personaje de TV famoso, una cazadora chula, una playa de fina arena y sol comedido o, por ejemplo, un entretenido circo con elefantes diestros y fieras sumisas.

 Os intentarán vender que todo esto es posible y que es real. Que podéis acceder a ello. Que alguien lo ha puesto ahí para que lo disfrutéis. Y en cierto sentido es verdad. Es para vosotros.

 Pero no olvidéis que detrás de cada uno de esos iconos, hay una realidad más oscura que la crea y mantiene. Todos los cruceros tienen una sala de máquinas bien abajo donde los operarios, con luz artificial, calor extremo y extenuados mueven (en todos los sentidos) el barco.

 Trabajadores en régimen de semiesclavitud, futbolistas fracasados que nunca vieron su sueño hecho realidad, personajes que venden su alma (si no su cuerpo) para salir en televisión, animales desollados para revestir vuestra cazadora con lustrosas pieles, terrenos expropiados sin contemplaciones para levantar complejos turísticos y, por ejemplo, animales maltratados que harán vuestras delicias cuando os sean presentados sin que lleguéis a percibir el terror que les dirige.

 En este mundo que vivís hay un mundo que no veis y sin embargo existe. Éste es el mundo entre bambalinas.

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Y esta otra España

enero 11, 2010

Pequeños míos: seguro que muchas veces por la carretera desde el coche habéis visto en el campo toros negros y grandes de madera. Otras veces, los habréis visto de verdad, en las praderas, comiendo o descansando.

 Desgraciadamente, es probable que alguna vez hayáis encendido la televisión y hayáis visto a esos mismos toros sangrando, con lanzas y con espadas clavadas en el lomo.

 ¿Os habéis fijado que mientras eso ocurre hay un montón de gente que aplaude y grita? Porque dicen que eso es cultura. Igual que unos pintan cuadros y otros hacen esculturas o escriben libros, hay gente que dice que es bueno porque se lleva haciendo muchos años en España.

 Pero sólo en nuestro país se permiten estas animaladas, porque en la plaza sólo hay animales, unos de negro y otros con trajes de luces.

 No os creáis los que dicen que el toro no sufre cuando le atraviesan con espadas. Como vosotros, tiene lo que se llama Sistema Nervioso Central, pero no puede hablar y no se puede quejar.

 Otros dicen que el torero, el asesino de animales, y el toro están en igualdad de condiciones. Pero tampoco es cierto porque siempre gana el torero asesino.

 Hace muchos millones de años las personas éramos monos. Y nos comíamos unos a otros y vivíamos en los árboles. Las cosas no se mantienen porque lleven muchos años haciéndose. Ya no nos comemos entre nosotros ni, por ejemplo, se quema a los que no creen en Dios (del que ya os hablaré también otro día).

 Con el tiempo somos cada vez más civilizados y eso implica respetar a los animales porque todos formamos parte del mismo ecosistema.

 Mis pequeños, nunca permitáis que un animal, sea un toro, un burro o una gallina sirva para entretener a nadie. Porque os aseguro que nosotros les necesitamos más a ellos que ellos a nosotros y cuanto más daño les hacemos más nos acercamos evolutivamente a ellos.