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Lobo o cordero ¿Tú que eres?

febrero 14, 2011

Atiendo en la televisión a las críticas por la posible legalización de la antigua Batasuna.

– Dos lobos y un cordero – Murmuro.

– ¿Qué quieres decir? – Me pregunta Manuel.

– Que la democracia es eso, dos lobos y un cordero que están decidiendo qué van a cenar.

– Pero los lobos se comerán al cordero – Dice Manuel con una lógica aplastante.

– Sí, esa es la grandeza de la democracia, si no pueden cenar los tres que por lo menos cenen dos.

– Pero el pobre cordero se muere. ¿No, papá?

– Sí, esa en la miseria de la democracia, que para que la mayoría gane alguien se tiene que sacrificar.

Lo ideal hubiera sido que los tres cenaran, pero no podía ser. Alguien tenía que perder y mejor que sea la minoría en lugar de la mayoría.

– Pues vaya mierda la democracia – Concluye Manuel.

– Bueno, lo puedes mirar por ahí si eres de la familia de los corderos. Pero si fueras de la familia de los lobos estarías encantado.

Lo cierto es que ser lobo en democracia no te garantiza que siempre vayas a salir ganando. La democracia a menudo exige esfuerzos y así se perpetúa. Hay veces en que la democracia bien entendida escuece y hay que aceptarlo.

– Y por una vez ¿no podían llegar a un acuerdo los tres animales y no cenar ese día?

– No Manuel. No puede ser. La democracia no admite excepciones. Su éxito se basa en su fortaleza. Y son esos sacrificios que a veces nos exige los que la hacen la mejor forma de gobierno que se conoce.

La democracia debe de ser común para todos. No debe de admitir interpretaciones. Y lo que vale para uno debe de valer para todos. Sin excepciones.

– ¿Y que tiene que ver eso con ese partido vasco? – Pregunta Manuel.

– Pues que la democracia, en su estado de madurez, se convierte en Estado de Derecho y si me apuras también en Estado de Obligación. Y como en el colegio, cuando decides jugar, por el simple hecho de hacerlo tú y tus compañeros debéis aceptar unas reglas y nadie por llegar antes o después se las puede saltar. Y como son iguales para todos podéis entonces jugar.

– Papá, y en el caso vasco, nosotros qué somos ¿lobos o corderos?

– Pues es la decisión de cada uno. Yo desde luego lobo. Pero parece que hay otros que han decidido ser corderos.

– Pues me pido lobo.

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Más anacronismos

febrero 8, 2010

Hola Manuel y Nicolás:

 En el colegio donde pasáis tantas horas habréis visto que unos niños son más buenos que otros. A los buenos se les premia y a los malos se les castiga para ver si cambian.

 En el mundo en que vivís ocurre lo mismo. Hay personas muy buenas, otras sólo buenas o normales y las hay malas y malísimas. Los más malos suelen ser los asesinos. Son los que matan a los demás. Desde hace muchos siglos la ley dice que si matas a alguien acabas en la cárcel muchos años.

 Lo peor de matar a alguien es que no se puede arreglar después, no hay marcha atrás. Así, por ejemplo, si alguien roba un coche, se puede comprar otro, pero después de un asesinato sólo queda el dolor y el sufrimiento.

 Existen muchos motivos por los que uno mata a otro: por robarle, en una pelea, en la guerra, para defenderte porque el otro te puede matar a ti o incluso por accidente, como le ocurrió a nuestro Rey con su hermano, del que ya os hablé.

 Hoy os vengo a hablar de alguien que mata por error. Por tener una idea equivocada. Como cuando Manuel cree que una suma da 15 y yo le digo que es 17. Entonces discutimos y yo le demuestro que el resultado es 17 y ya está.

 Pero el error de estas personas es que creen estar en guerra y nadie consigue convencerles de lo contrario. Desde muy pequeños les enseñan que la suma es 15 y si alguien les dice que es 17 es porque es un traidor y hay que matarle.

 Ellos creen que su patria (¿os acordáis cuando os hablé de país, estado, nación, gobierno, patria?) que se llama Euskadi está invadida por España y que no tienen libertad. Pero esto no es cierto.

 Estas personas que pertenecen a un equipo que se llama ETA cuando se juntaron por primera vez hace más de 40 años para luchar por la libertad tenía algún sentido lo que hacían. Y eso es digno de admiración, luchar por un mundo mejor, por poder hablar tu lengua, celebrar tus fiestas en paz y acabar con el opresor, que entonces era el franquismo.

 En esa época ETA también mataba, lo que nunca está bien. Un militar ministrado que podía vestir de blanco impoluto, un comisario, algún agente sádico y torturador y, como no, alguna víctima inocente, como aquella niña, Begoña, de poco más de un año. Matar intencionadamente siempre es imperdonable. Luchar por defender tus valores es ejemplarizante.

 Éstos eran sus objetivos. Pero como os digo matar nunca está bien, aunque es cierto que se trataba de una guerra o guerrilla desequilibrada, donde el débil (un grupo de jóvenes sin medios) se afanaba en defender lo que era suyo contra todo un Estado de terror.

 Pero en 1975, sólo unos meses después de que aquel Estado de terror fusilara a unos chicos de larga melena y pantalón de campana, todo acabó. Llegó la Libertad de verdad. Se reconoció su unidad cultural, se formó su propio parlamento con los políticos que ellos decidieron libremente, en los colegios se enseñaba su historia y podían defender sus ideas sin miedo a nada. Era como os digo, la libertad.

 Muchos de aquellos sí eran valientes guerreros (me refiero a los que no tenían las manos manchadas de sangre) y decidieron volver a su vida normal, con sus familias. Ya no tenía sentido su lucha. Todo había terminado. Pero otros, una minoría, entendieron que no era suficiente, que querían más libertad. Se volvieron a armar y salieron a defender su concepto de libertad, que no es otro que el del terror, el mismo contra el que luchaban hace 40 años.

 Desde entonces, ETA ha matado a casi 1.000 personas. Muchas de ellas porque pasaban por allí: hombres y mujeres, mayores y pequeños, españoles y extranjeros, de un disparo o con una bomba. Panaderos, policías, pintores, secretarias, militares. Despiertos o durmiendo. En su casa o en la calle. Da igual, casi 1.000 familias destrozadas, tristes, desoladas que nunca más podrán volver a ver su padre o madre, hermano o hermana, hijo o hija.

 ETA sólo representa al 8% de los vascos. El otro 92% no les quiere. Pero siguen ahí. ¿Sabéis por qué? Porque durante 40 años los otros asesinos, los de Franco, les estuvieron entrenando sin darse cuenta y aprendieron lo peor de ellos: aterrorizar, amenazar, torturar, y matar, siempre matar.

 Hoy parece que tienen menos fuerza que nunca. Se habla de que pueden desaparecer dentro de poco. Pero lo cierto es que hay mucha gente que sólo sabe vivir del terror de ETA y no sabrían hacer otra cosa. A esa gente no le interesa que acabe la violencia. Y por muy débiles que estén, siempre tendrán fuerza para revolverse y hundir sus colmillos ahí donde más duele, en el mundo en que vivís.

 P.D.: Otro día os hablaré de uno de los mayores errores que se han cometido en este país en un periodo de democracia (que tampoco ha habido tantos): Los crímenes de estado o los GAL, los mismo da.