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La palabra es enemiga de las armas

octubre 4, 2010

Recordará el lector que hace unos años, estando el ya difunto dictador chileno Augusto Pinochet de visita en el Reino Unido fue retenido, que no detenido, durante varios meses.

La orden provino de la Audiencia Nacional española y fue emitida por el Juez Baltasar Garzón que lo acusaba del asesinato de civiles durante su abyecto mandato.

Al final, en virtud de esos agujeros opacos que tienen las leyes y por la complicidad entre gobernantes al margen de que tengan sus manos manchadas o no de sangre, fue liberado y regresó a su país.

Cuando se conoció la noticia de la retención de Pinochet, recuerdo que con sorpresa e indignación escuché al corresponsal de televisión en Santiago de Chile decir que “el ejército estaba tranquilo”.

Lo primero que me vino a la mente es por qué el ejército chileno no iba a estar tranquilo (recuerdo que Pinochet ya no ostentaba el poder) y por qué no nos contaban cómo se encontraban otros gremios como los fontaneros, las azafatas o los ujieres, que también tenían todo el derecho a estar “nerviosos”.

Felipe González lo resumió muy bien un día a propósito de que se niegue a los militares tener sindicatos o que no se pueda negociar con terroristas mientras no haya un alto el fuego: “quien tiene las armas no puede tener la palabra”.

Esta semana, en Ecuador, lo que inicialmente era una protesta de algunos policías por sus condiciones laborales ha devenido en un “supuesto” intento de golpe de estado.

Desconozco si tal intentona golpista existió o por el contrario ha sido magnificada por el gobierno legítimo para justificar ahora algún poder extra-constitucional, como ocurrió en Venezuela.

Pero lo cierto es que en un estado de derecho con las armas en los cintos no se puede ejercer ninguna demanda porque otorgan al que las lleva una supremacía que conculca las garantías democráticas. Y por desgracia son muchos los que calzan un revólver las 24 horas del día.

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Haití, Haití o Haití

enero 18, 2010

  

 

HAITÍ UNO: Queridos niños, esta semana ha ocurrido algo terrible. La naturaleza nos ha demostrado una vez más que es indomable.  Podremos mandar naves a Marte, curar enfermedades que antes eran pandemias o comunicarnos de manera instantánea con cualquier lugar del planeta pero siempre nos recordará en forma de terremoto, huracán, diluvio o maremoto que somos huéspedes y no propietarios de este albergue llamado Planeta Tierra.

 HAITÍ DOS: Queridos niños, esta semana ha ocurrido algo terrible. El país más pobre de todo el mundo occidental, enfermo terminal desde hace décadas, ha sido rematado por un dramático terremoto. Este país que ha sufrido la esclavitud en todas sus formas posibles ha sido en sus 500 años de historia un juguete español, francés y como no, americano.

 Todos sabíamos lo que ocurría allí. Es el país 149º en el Índice de Desarrollo Humano, por detrás de Sudán, con una elevada analfabetización y una esperanza de vida limitada. Cuando vamos de vacaciones a Punta Cana, a ese hotel con lo del “Todo Incluído” que tanto os gusta, lo sobrevolamos.

 Haití es un país que no interesa a la comunidad internacional porque ni da ni quita, ni suma ni resta, ni ayuda ni amenaza. Es como el cero, nada de nada.  La ONU que en su momento mantuvo un contingente de ayuda fue reduciéndolo paulatinamente (incluida España que a día de hoy por vergüenza tiene una especie de casa-cuartel de la Guardia Civil en su capital) hasta que la ayuda llegó a ser testimonial. España prefiere invertir en Afganistán al precio de un millón de euros diarios para financiar una guerra encubierta, porque entre el malo y el pobre, preferimos dedicar más esfuerzos al primero. Garantizar la seguridad de nuestro mundo occidental es importante si se quiere mantener uno en el poder.

 Al fin y al cabo, ¿a quién importan un puñado de negritos de los que los franceses decían que no se podía tener lástima de ellos, los americanos que eran unos salvajes y unos incapaces y más recientemente (tal que el año pasado) unos diputados europeos que su problema es que están todo el día follando?

 A diferencia del África Negra, con quien comparte su estatus de miserable (ni siquiera pobre) sus recursos naturales han sido destruidos más que explotados para evitar un destino de esclavitud y sus habitantes han sobrevivido en un país sin economía ni servicios donde dictadores abyectos que hicieron del terror ley y otros peleles, impuestos y depuestos por Washington, consumaban en sus palacios sus orgías de poder ante las ventanas opacas de sus despachos.

 Sólo espero que el efecto de este desastre no se difumine con el tiempo y aporte a esta pobre-gente-pobre algo más que saber situarles en un mapa. ¿Os atrevéis a decir en qué lado de la foto de arriba se encuentra Haití?

 HAITÍ TRES: Queridos niños, esta semana ha ocurrido algo terrible. Y eso pone de manifiesto que Dios no existe. Y si existiera sería un auténtico cabronazo.