Posts Tagged ‘inmigración’

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Crónica de sociedad

noviembre 8, 2010

 

El Hospital Público de Jerez de la Frontera se complace en anunciar el nacimiento de Nicoleta. Tras 40 semanas de gestación y con un peso de 2 kilos y 900 gramos ha venido a este mundo sin ninguna complicación en especial.

Tanto su madre, Elena, como la niña se encuentran en perfecto estado. Su abuela de 25 años se congratula del feliz alumbramiento.

Ante el deficiente desarrollo mamario de la madre y con el fin de que la criatura salga adelante como cabe esperar de un bebé recién nacido, el pediatra ha dispuesto descartar la lactancia natural a cambio de una alimentación basada en leches artificiales complementada con vitaminas que fortalezcan su frágil sistema inmunitario.

El joven padre todavía no ha podido conocer a su primer vástago pues tenía examen de sociales, asignatura ésta para la que venía preparándose con más ahínco que la paternidad. Cuestión de prioridades.

Elena recibirá un curso acelerado por la Consejería de Asuntos Sociales en las lindes de la crianza. No tuvo la oportunidad de acceder a ninguna formación reglada sobre sexualidad. Pues esas temáticas aplicadas a menores sólo promueven la masturbación compulsiva entre coito y coito.

La caterva mojigata “pro vida” brinda porque se ha demostrado una vez más que para ser madre sólo hay que pedírselo a Dios con muchas ganas y Él, omnipotente, otorga. ¡Qué feliz es Elena, 10 añitos y una hija que criar! Sin duda una alumna aventajada de la asignatura “sexo=caca, dejadlos nacer”.

Por este Hospital se espera la llegada de un momento a otro de la caravana inmaculada y bien ungida del Foro de la Familia para ofrecer su apoyo económico y psicológico a las dos niñas (madre e hija). Se sabe que llevan de regalo una muñeca aunque se desconoce a quién de las dos va dirigida.

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Los existencialistas de la pobreza

agosto 16, 2010

 

Cuentan que hace ya algunos años la reina de Inglaterra visitó Portugal. Como parte del viaje, un cicerone nombrado por el Presidente Américo Tomás le ofreció un recorrido turístico por Lisboa y sus alrededores.

 Este guía ocasional, cada vez que pasaban por algún foco de pobreza, se dirigía a la Reina denominándolos existencialistas. Una y otra vez, cada contacto visual con las chabolas era acompañado de la coletilla los existencialistas.

 Sorprendida la Reina de esa definición, se dispuso a preguntar por qué les llamaba así, a lo que el postillón luso le contestó: “es que se empeñan en existir”.

 La pobreza nos causa desasosiego. Quizás nos retrotrae a un pasado no muy lejano de una España negra y yerma. Pero es cierto que a nadie le gusta comer viendo en la televisión a niños famélicos presos de hordas de moscas.

 España es un país racista (y no lo digo yo, son los extranjeros que vienen aquí). Pero llama la atención con qué diferencia tratamos al morito que llega en patera frente al jeque árabe que pasea sus lorzas abyectas por las tiendas de Puerto Banús.

 Hace unos días nos visitó la consorte del último Premio Nóbel de la Paz y la reacción de autoridades, periodistas y vulgo en general dista mucho de ser la que ofrecemos a otros negros que deambulan por nuestra piel de toro. Las heladerías no se vacían cuando entra un negro, sencillamente no se le deja entrar.

 Y es que, a pesar de lo que intentamos creernos, en España no tenemos recelo a otras nacionalidades, se lo tenemos a la pobreza.

 Nos enerva ver a un niño descalzo, a un negrito vendiendo en la calle o a un sudamericano sirviendo cañas. Porque ellos son los que se empeñan en existir, son nuestros existencialistas.

 Lo cantaba hace unos años un gran grupo de rock que tuvo más éxito fuera de España que aquí, a pesar de que su valor venía por las soflamas de sus letras: Ska-P…”Ley de extranjería para el jeque millonario y para la reina Sofía”.

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Los sueños rotos

febrero 15, 2010

 

 Mis queridos niños:

 ¿Habéis visto esa foto? ¿A qué parece que están tomando el sol en la playa?

¡Cómo nos gusta la playa! Los castillos de arena, el Frigopie que siempre pide Manuel, las olas que nos hacen correr cuando se acercan a la orilla. A mí me gustaría estar allí ahora. ¿Y a vosotros?

A esa misma playa podíamos ir este verano porque seguramente está en las Islas Canarias: Fuerteventura, Hierro, Lanzarote…

Encontraremos a gente igual que los de la foto. Boca arriba. Bien untados de crema para ponerse morenos cuando vuelvan a sus casas en Inglaterra, Francia o Alemania, por ejemplo.

Los cuatro de la foto no volverán más. Básicamente por dos razones. La primera porque nunca habían pensado en volver. Se fueron un día de su casa para siempre. Y la segunda es porque se han ido para siempre de verdad, están muertos.

Esos cuatro chicos que no llegan a los 18 años, decidieron embarcarse un día en una endeble patera para vivir mejor. Sabían que se jugaban la vida por un futuro mejor, pero es que donde ellos viven el futuro ni es mejor ni peor, no existe.

Para llegar a esta playa y mostrarse así, boca arriba, seguramente tuvieron que caminar cientos de kilómetros, es probable que les robaran, les engañaran, se pusieran enfermos, se cayeran, se levantaran y lloraran por la noche. Pero siempre sin dejar de soñar con un futuro. Y un día alguien, a cambio de más dinero del que pueden ganar en su país les subió a un trozo de madera que llaman cayuco.

Su objetivo era el mismo que el nuestro, llegar a esa playa. Nosotros en bañador y ellos en chándal. Todos queremos poner el pie en esa playa.

Ellos ya lo han hecho. Lo han conseguido. Han hecho realidad su sueño. Un sueño más importante que el que podáis llegar a tener vosotros en toda vuestra vida. Ya están en la playa.

El problema como os he dicho es que les falta vida para ponerse en pie y caminar. De haberla tenido, tampoco podrían decir que hubieran cumplido su sueño. Por delante les quedaría la marginalidad, la penuria, el hambre, la mentira, el desprecio, el sueño roto y la ilusión truncada.

Su madre, confiará en que su hijo lo logró y ha alcanzado una vida mejor, la que ella no pudo tener. Y todos los días esperará la llegada de algún chaval para avisarle de que tiene una llamada, que su hijo quiere hablar con ella. Esa llamada nunca llegará y cada día que pase el dolor será más intenso, porque esa madre se irá convenciendo de que ha perdido un hijo. Y el sentimiento de ser madre es universal. No entiende de países o culturas.

Vosotros hijos míos poco podéis hacer para evitar que surja esa necesidad de huir. Pero cuando os crucéis con ellos en la calle, cuando estéis frente a uno de ellos, de los que pudieron poner el pie en la playa con vida, no olvidéis que sólo intenta que no se le rompa su sueño. No permitáis que nadie lo haga. Y si es posible, ayudadle a hacerlo realidad.