Posts Tagged ‘justicia social’

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La cólera de la pobreza

noviembre 1, 2010

Hablar de cólera en el primer mundo es como hablar de anorexia en el África Negra, una frivolidad.

Haití, después de 10 meses vuelve a la palestra de la que nunca tenía que haber caído.

En su momento nos conmocionó ver a tanto negrito indígena salpicado del blanco de la escombrera que eran sus casas. Pero el fervor humanitario poco a poco se fue apagando, hasta que Haití volvió a ser el vecino pobre de nuestro ansiado Caribe dominicano.

Como tantas veces, las promesas de ayuda económica nunca se materializaron porque por el camino teníamos que salvar a nuestro sólido sistema financiero y a lo más que se llegó fue a condonar deuda que por otra parte era de difícil o imposible cobro.

De tal forma que Haití, el país no africano más pobre del mundo, después de nadar en la inmundicia todo este tiempo padece ahora una lógica epidemia de cólera.

La industria farmacéutica, el sector económico que más ha crecido en la última década (por encima de la banca) investiga principalmente en las enfermedades del primer mundo. De ahí que los medicamentos más vendidos en términos absolutos sean para el tratamiento de la depresión, el colesterol y la diabetes.

Estas enfermedades afectan únicamente a un 15% de la población mundial y sin embargo las farmacéuticas destinan un 85% de sus recursos de I+D a combatirlas.

De los últimos 15.000 fármacos patentados sólo cuatro eran para luchar contra el cólera y se crean para proteger principalmente a los cooperantes occidentales en zonas endémicas.

Todavía tenemos presente los fastos de la Gripe A con el beneplácito de la OMS. Compañías como Roche y su Tamiflú se hicieron de oro a costa de propagar el miedo en los países con posibles. Pero el miedo no surte efecto en aquéllos que no tienen nada de nada y necesitan palpar la realidad para reconocer la amenaza de una epidemia.

Sirva esta nueva crisis sanitaria para que de una vez por todas se investigue una vacuna definitiva del cólera y, sin intereses bastardos que hagan su precio inaccesible, se erradique, también de una vez por todas, esta enfermedad.

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A la buchaca

septiembre 20, 2010

Pablo tiene 10 años. Es hijo único y vive con sus padres en un pequeño pueblo de la provincia de Granada. Es un niño más cuya vida gira en torno al colegio y los amigos.

Su padre, Rafael, es agricultor y su familia ara la misma tierra desde hace cuatro generaciones. Cosecha una amplia gama de frutas que son compradas al por mayor por una cooperativa local en régimen de monopolio.

Rafael no quiere que su hijo le ayude en el campo. Quiere que se centre en sus estudios porque se da cuenta de que cada vez su trabajo es más ingrato: más esfuerzo por menos beneficio.

Pablo lleva un tiempo pidiéndole a su padre que le compre una Playstation. Pero el padre se niega. Cree que es mucho dinero y que además le distraerá de sus estudios. En este sentido, el padre se muestra firme y se justifica diciendo que no le sobra y que prefiere invertir ese dinero en su formacion.

Pablo, a su edad, no termina de entender que no haya dinero para su consola con todo el género que ve encajar al padre.

Un día Pablo coincidió con su padre mientras el camión de la cooperativa se llevaba varios cientos de sandías para darle salida en el mercado. Aburrido, por entretenerse, cogió un rotulador y pintó en una de las sandías un garabato de un muñeco: un círculo que era la cabeza, unos puntos para los ojos y líneas alambreadas para tronco y extremidades. Y ahí quedó.

El fin de semana llegó y como hecho extraordinario fueron a Granada a pasar el día y a hacer unas compras. Entraron en un centro comercial y al pasar por la zona de frutería Pablo, como aquel niño que encontró su soldadito de plomo en el vientre de un pez, pasó por delante de una sandía rubricada y en seguida la reconoció. Sí, era su garabato y su sandía.

La emoción y la importancia que se autoaplicó al verse ungido por el azar no le impidieron ver que la sandía costaba casi 5 euros.

Pablo se enfadó mucho. De camino a casa en el coche no quiso hablar y por más que sus padres insistían en saber qué le ocurría, él no soltaba prenda. Estuvo varios días enfadado y con la sensación de que su padre le había fallado. Le había mentido cuando se quejaba de la falta de dinero.

Pablo estaba convencido de que si cada sandía se vendía a 5 euros su padre con cada partida debía ganar un dineral y no quería comprarle su Playstation.

Lo que Pablo no sabía y tardó varios años en descubrir es que su padre por aquella sandia no recibió más de 36 céntimos.

¿El resto hasta los 4’80 euros que costaba en el hipermercado? Gastos, sólo gastos.

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Las inmundicias del dinero

septiembre 6, 2010

Recuerdo que hace muchos años, cuando en España se popularizaba el SEAT 124 alguien dijo que el MERCEDES era un coche de torero. Es decir, el símbolo del nuevo rico.

La marca alemana era la divisa del éxito en la vida. En España no sólo lo llevaban los toreros, también los inmigrantes que habían triunfado. Y los niños en la calle jugábamos a que conducíamos uno.

Por encima quedaban otras marcas de las que sabíamos por el Scalextric (por cierto, que después de pasar la vida juntos acabo de aprender a escribirlo) y por los amigos más avezados en el mundo del motor. Pero resultaba más probable imaginarnos ver al Skylab en el cielo que a un coche de aquéllos por la Castellana.

Un Ferrari es algo más que un coche. Es la riqueza desmedida. Es una apostilla hortera en el arte de aparentar al que se suman rápidamente los ases del pelotazo, bien sean futbolistas o constructores.

En las grandes ciudades, sin que sea habitual, ya no es extraño coincidir en un semáforo al alimón con uno de estos trastos.

Todo él es una ostentación obscena de riqueza, no necesariamente de éxito. Dudo mucho que sus conductores sepan apreciar el valor mecánico del coche sin la interferencia del precio, que es lo que lo hace realmente atractivo.

Un Ferrari es el reflejo de que algo no funciona en una sociedad que debe aspirar a un sistema de reparto de riqueza que erradique las necesidades más imperiosas de la población.

Ayer leía que los directivos de las 50 empresas que más despidos han realizado, mientras firmaban el finiquito con una mano con la otra se subían el sueldo un 42% de media.

Mientras una sola persona sea capaz de conducir un Ferrari a la vez que una gran parte de la población no cubre sus necesidades básicas se estará poniendo de manifiesto la inoperancia del sistema fiscal a la par que una injusticia social impúdica.

P.D.: La foto (del diario Público) hace referencia a una reciente exposición de Ferrari en España coincidente en el tiempo con la noticia del aumento del paro.

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Los existencialistas de la pobreza

agosto 16, 2010

 

Cuentan que hace ya algunos años la reina de Inglaterra visitó Portugal. Como parte del viaje, un cicerone nombrado por el Presidente Américo Tomás le ofreció un recorrido turístico por Lisboa y sus alrededores.

 Este guía ocasional, cada vez que pasaban por algún foco de pobreza, se dirigía a la Reina denominándolos existencialistas. Una y otra vez, cada contacto visual con las chabolas era acompañado de la coletilla los existencialistas.

 Sorprendida la Reina de esa definición, se dispuso a preguntar por qué les llamaba así, a lo que el postillón luso le contestó: “es que se empeñan en existir”.

 La pobreza nos causa desasosiego. Quizás nos retrotrae a un pasado no muy lejano de una España negra y yerma. Pero es cierto que a nadie le gusta comer viendo en la televisión a niños famélicos presos de hordas de moscas.

 España es un país racista (y no lo digo yo, son los extranjeros que vienen aquí). Pero llama la atención con qué diferencia tratamos al morito que llega en patera frente al jeque árabe que pasea sus lorzas abyectas por las tiendas de Puerto Banús.

 Hace unos días nos visitó la consorte del último Premio Nóbel de la Paz y la reacción de autoridades, periodistas y vulgo en general dista mucho de ser la que ofrecemos a otros negros que deambulan por nuestra piel de toro. Las heladerías no se vacían cuando entra un negro, sencillamente no se le deja entrar.

 Y es que, a pesar de lo que intentamos creernos, en España no tenemos recelo a otras nacionalidades, se lo tenemos a la pobreza.

 Nos enerva ver a un niño descalzo, a un negrito vendiendo en la calle o a un sudamericano sirviendo cañas. Porque ellos son los que se empeñan en existir, son nuestros existencialistas.

 Lo cantaba hace unos años un gran grupo de rock que tuvo más éxito fuera de España que aquí, a pesar de que su valor venía por las soflamas de sus letras: Ska-P…”Ley de extranjería para el jeque millonario y para la reina Sofía”.

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Luke, soy tu padre

julio 12, 2010

En España se produce un divorcio cada tres minutos. En un 52% de los casos hay hijos menores de edad implicados.

El Derecho de Familia, lógicamente, hace primar lo que éste considera “el interés del menor”. De esta manera cualquier decisión que se tome debe ir encaminada a elegir la alternativa en la que el menor sale más beneficiado o menos perjudicado.

En un divorcio las decisiones y los acuerdos que se alcanzan o imponen giran objetivamente alrededor de dos elementos: el económico y el custodio. Dejo al margen otros componentes más emocionales como puedan ser los reproches, resentimientos o rencores imperantes.

En nuestro país la Ley del Divorcio llegó con la democracia porque en el ínterin franquista a lo que Dios había unido no lo separaba ni el Tato. Y llegaba a una España trasnochada, machista, donde la mujer apenas se había incorporado al mercado laboral (por lo menos el declarado, porque el campo estaba atestado de mujeres jornaleras sin jornal alguno) y el rol del hombre en el hogar no trascendía del modelo hotel (cama y mesa puesta).

Que la sociedad ha cambiado es un hecho indiscutible. Los que somos padres con hijos pequeños compartimos y vemos compartir en hermanos y amigos las tareas de crianza y asumimos de forma natural la función paterna que condiciona la procreación.

Sin embargo, a menudo la sociedad va a una velocidad y la legislación a otra. Y esta última necesita varios lustros para, primero reconocer el cambio, y luego adaptarse a él.

El modelo legislativo de familia esta obsoleto, es injusto, ignominioso y no pasaría un recurso del PP en el Tribunal Constitucional.

La preferencia que se da a la madre en estos desagradables lances siega de raíz cualquier avance de la sociedad en el reparto de tareas. Resulta cuando menos llamativo que merced a esa legislación, los padres, con la sentencia de divorcio en la mano, pasen de asumir un rol en la crianza de los hijos a convertirse, como los define la legislación, en “visitadores”. Su relación con los hijos pasa a estar circunscrita a un régimen de visitas y unas obligaciones de manutención.

Esta discriminación, que empieza a desaparecer en países más avanzados socialmente que el nuestro (Francia, Italia, EE.UU., etc.), es más sangrante si cabe desde que tenemos la figura administrativa del Ministerio de Igualdad y su colección de floreros “art cañí”, cuya única labor reconocible y documentable ha sido criminalizar a los hombres por el simple hecho de serlo y pasar a ser todos colaboradores necesarios del medio centenar de mujeres que mueren cada año a manos de sus parejas.

Necesitamos una Ley de Divorcio acorde con los tiempos. Es necesaria una catarsis por parte de ciertos grupos feministas que comprendan que los padres de hoy poco tienen que ver con los suyos. Y, sobre todo, establecer las bases de una custodia realmente compartida entre ambos progenitores. Todo esto por el interés del menor.

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Huelga decir…

julio 5, 2010

 

…que quitar a dos millones de personas su medio de transporte habitual es una putada.

El Derecho a la Huelga junto a la sindicalización del trabajo es uno de los mayores avances del siglo XX. Baste decir que fue en 1917 cuando el primer país, México, introdujo tal consideración en su constitución.

 Ningún trabajador desea hacer huelga, entre otras cosas porque son jornadas que dejan de ser remuneradas además del clima de confrontación que se crea.

 La huelga llega cuando todas las vías de discusión han fracasado y con ella el trabajador ofrece al patrón una muestra de lo imprescindible que es su colectivo para alcanzar los objetivos de la empresa, sean estos bienes o servicios.

La huelga la hace quien, además de no tener más salida, alcanza, merced a ella, una resonancia mediática y social significativa. De ahí, que sean los grandes colectivos asociados a servicios públicos los protagonistas de las huelgas con mayor pompa.

Las huelgas tienen dos escenarios, uno previo y paralelo que se da en los despachos y cuyo desarrollo no trasciende y un segundo que tiene lugar en la calle y es el más visible.

Del primer escenario, el de los despachos, solemos desconocer quién es el bueno y quién el malo, puesto que la información se distorsiona en cuanto se abre la puerta de la sala. Además, en conflictos laborales con la administración pública, ésta suele contar con sus medios de comunicación y voceros de estómago agradecido.

Del segundo escenario, el de la calle, tenemos claro que el malo es el que nos hace la puñeta privándonos de un servicio público.

La huelga, pues, tiene dos protagonistas: el patrón que lo ha intentado todo ante la intransigencia de su interlocutor y el huelguista cabrón que no quiere escuchar y que sólo quiere joderle la vida a los ciudadanos.

Lo que a veces desconocemos es que el patrón ha roto de manera unilateral un convenio (acuerdo vinculante donde los haya) y aplicado a su discreción unas medidas de ajuste que no tenían lugar en este caso.

Que además, los tan cacareados “servicios mínimos” los decide el patrón de acuerdo con la Ley de Huelga en vigor en España desde poco después de morir Franco.

Generalmente, esos servicios mínimos son abusivos y así lo suelen refrendar los tribunales de justicia. Eso sí, dos años después de que el conflicto termine.

No obstante, de cualquier huelga que ocupe la primera página de un periódico, lo que más llama la atención es como el ciudadano en general y el usuario del servicio en particular toman el testigo del patrón y convierten al huelguista en el pimpampum de su ira. Y llama la atención por la poca solidaridad que muestra el ciudadano con otro trabajador, al que ahora le ha tocado sufrir la ignominia del convenio roto cuando mañana le puede pasar a él.

Antes que ciudadanos somos trabajadores y tenemos la obligación moral de dedicar al menos 5 minutos a entender las razones de la huelga. Y si somos capaces de hacerlo puede que aceptemos mejor sufrir un atasco, esperar media hora por una autobús o pedirle a un compañero que nos lleve al trabajo.

P.D.: Como curiosidad cuento aquí que la primera huelga de la que se tiene constancia ocurrió en el año 1152 a.c. y se la hicieron a Ramses III los trabajadores de su Necrópolis Real.

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Puta conciencia

junio 28, 2010

Lara tiene 52 años, uno más que su marido, Rubén.

Acaban de celebrar sus bodas de plata: 25 años casados, no sin esfuerzo y con algún momento difícil que lo puso todo al borde del abismo.

Lara y Rubén tienen dos hijas: Claudia de 23 años y Rosana de 20 años.

Claudia ha terminado este año la carrera de Derecho y espera prepararse unas oposiciones a la vuelta del verano.

Rosana dejó de estudiar después de tropezarse tres años con Bachiller. Estuvo trabajando de dependienta en Zara pero no le han renovado el contrato. Ahora engrosa las listas del paro.

Las chicas se irán unos días de vacaciones con los amigos. Lara y Rubén no. Técnicamente no pueden.

Lara vive conectada a un ventilador mecánico. Sufre una distrofia muscular progresiva que la tiene impedida desde hace 8 años.

Durante este tiempo su vida ha sido una condena a la degeneración. Cada día peor que el anterior. Cada hora mejor que la siguiente.

El dolor insoportable tardó en aparecer, pero al final lo hizo. No le sorprendió porque ya le habían avisado que llegaría. Su marido aprendió a ponerle morfina para que su existencia agónica lo siguiera siendo pero sin dolor.

No existe tratamiento alguno para Lara. Sólo le queda esperar a que una infección acabe con su vida, de la que ella reniega.

Lara, cuando aún podía expresarse, le pidió a su marido que llegado un momento crítico la ayudara a morir con dignidad, tal y como ella había vivido. Para Rubén sería fácil: retirar el enchufe como hace con la afeitadora todas las mañanas. Pero al margen de diatribas morales, si hace eso, puede acabar con sus huesos en la cárcel.

Lara, a través de su Testamento Vital, ha pedido a la Justicia ser desconectada. No quiere vivir. Renuncia a respirar con ayuda de una máquina. No quiere condicionar la vida de su familia. No quiere sufrir ni hacer sufrir más. Lara sólo quiere morir con dignidad.

La Justicia le ha contestado que nacer o morir son sólo hechos que ocurren y que como tales ni son dignos ni indignos. Ocurren. Y que asistir en un suicidio es una derrota social, política y médica. Bueno, y que eso de ayudar a alguien a que deje de sufrir por voluntad propia no viene en la Constitución Española.

Lara no quiere vivir más encarcelada en un cuerpo que no funciona. Lara sólo quiere ser eternamente libre. Pero alguien la ha condenado.

P.D.: Esto no es real, aunque bien podría serlo. Es una recreación basada en los muchos casos que llenan las páginas de la Asociación por el Derecho a Morir Dignamente. Más información y muestras de solidaridad en www.eutanasia.ws

NOTA: César Caballero de la Asociación me aclara lo siguiente: “Sólo una cuestión, en España es un derecho el rechazo de tratamientos por lo que Lara –como hizo en su día Inmaculada Echevarría- puede solicitar la retirada del respirador. Aunque parezca lo mismo no se considera un suicidio sino un derecho recogido en la Ley de Autonomía del paciente.”