Posts Tagged ‘marginación’

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Crónica de sociedad

noviembre 8, 2010

 

El Hospital Público de Jerez de la Frontera se complace en anunciar el nacimiento de Nicoleta. Tras 40 semanas de gestación y con un peso de 2 kilos y 900 gramos ha venido a este mundo sin ninguna complicación en especial.

Tanto su madre, Elena, como la niña se encuentran en perfecto estado. Su abuela de 25 años se congratula del feliz alumbramiento.

Ante el deficiente desarrollo mamario de la madre y con el fin de que la criatura salga adelante como cabe esperar de un bebé recién nacido, el pediatra ha dispuesto descartar la lactancia natural a cambio de una alimentación basada en leches artificiales complementada con vitaminas que fortalezcan su frágil sistema inmunitario.

El joven padre todavía no ha podido conocer a su primer vástago pues tenía examen de sociales, asignatura ésta para la que venía preparándose con más ahínco que la paternidad. Cuestión de prioridades.

Elena recibirá un curso acelerado por la Consejería de Asuntos Sociales en las lindes de la crianza. No tuvo la oportunidad de acceder a ninguna formación reglada sobre sexualidad. Pues esas temáticas aplicadas a menores sólo promueven la masturbación compulsiva entre coito y coito.

La caterva mojigata “pro vida” brinda porque se ha demostrado una vez más que para ser madre sólo hay que pedírselo a Dios con muchas ganas y Él, omnipotente, otorga. ¡Qué feliz es Elena, 10 añitos y una hija que criar! Sin duda una alumna aventajada de la asignatura “sexo=caca, dejadlos nacer”.

Por este Hospital se espera la llegada de un momento a otro de la caravana inmaculada y bien ungida del Foro de la Familia para ofrecer su apoyo económico y psicológico a las dos niñas (madre e hija). Se sabe que llevan de regalo una muñeca aunque se desconoce a quién de las dos va dirigida.

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La cólera de la pobreza

noviembre 1, 2010

Hablar de cólera en el primer mundo es como hablar de anorexia en el África Negra, una frivolidad.

Haití, después de 10 meses vuelve a la palestra de la que nunca tenía que haber caído.

En su momento nos conmocionó ver a tanto negrito indígena salpicado del blanco de la escombrera que eran sus casas. Pero el fervor humanitario poco a poco se fue apagando, hasta que Haití volvió a ser el vecino pobre de nuestro ansiado Caribe dominicano.

Como tantas veces, las promesas de ayuda económica nunca se materializaron porque por el camino teníamos que salvar a nuestro sólido sistema financiero y a lo más que se llegó fue a condonar deuda que por otra parte era de difícil o imposible cobro.

De tal forma que Haití, el país no africano más pobre del mundo, después de nadar en la inmundicia todo este tiempo padece ahora una lógica epidemia de cólera.

La industria farmacéutica, el sector económico que más ha crecido en la última década (por encima de la banca) investiga principalmente en las enfermedades del primer mundo. De ahí que los medicamentos más vendidos en términos absolutos sean para el tratamiento de la depresión, el colesterol y la diabetes.

Estas enfermedades afectan únicamente a un 15% de la población mundial y sin embargo las farmacéuticas destinan un 85% de sus recursos de I+D a combatirlas.

De los últimos 15.000 fármacos patentados sólo cuatro eran para luchar contra el cólera y se crean para proteger principalmente a los cooperantes occidentales en zonas endémicas.

Todavía tenemos presente los fastos de la Gripe A con el beneplácito de la OMS. Compañías como Roche y su Tamiflú se hicieron de oro a costa de propagar el miedo en los países con posibles. Pero el miedo no surte efecto en aquéllos que no tienen nada de nada y necesitan palpar la realidad para reconocer la amenaza de una epidemia.

Sirva esta nueva crisis sanitaria para que de una vez por todas se investigue una vacuna definitiva del cólera y, sin intereses bastardos que hagan su precio inaccesible, se erradique, también de una vez por todas, esta enfermedad.

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La metáfora de Gerónimo y Amancio

septiembre 27, 2010

Gerónimo y Amancio fueron enterrados tres veces:

La primera, cuando su conciencia harta de acompañarlos durante tantos trances en la vida decidió huir dejándolos al albur de una cruel demencia senil, que no es otra cosa que la venganza de Yahvé por desafiarle al intentar vivir más de lo necesario.

La segunda, cuando la desgracia y el azar quisieron que, como una metáfora de la vida en la vejez, fueran olvidados en el interior de una furgoneta durante 10 horas.

La tercera, en sus respectivos pueblos que les vieron nacer.

Estoy convencido de que, al igual que sus familiares, no le guardan rencor al distraído conductor. Puede que incluso le agradezcan su generoso olvido.

Gerónimo y Amancio ya descansan.

P.D.: “Respeto a los muertos, incluso cuando aún están vivos”.  Emmanuil Roídis.

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Los existencialistas de la pobreza

agosto 16, 2010

 

Cuentan que hace ya algunos años la reina de Inglaterra visitó Portugal. Como parte del viaje, un cicerone nombrado por el Presidente Américo Tomás le ofreció un recorrido turístico por Lisboa y sus alrededores.

 Este guía ocasional, cada vez que pasaban por algún foco de pobreza, se dirigía a la Reina denominándolos existencialistas. Una y otra vez, cada contacto visual con las chabolas era acompañado de la coletilla los existencialistas.

 Sorprendida la Reina de esa definición, se dispuso a preguntar por qué les llamaba así, a lo que el postillón luso le contestó: “es que se empeñan en existir”.

 La pobreza nos causa desasosiego. Quizás nos retrotrae a un pasado no muy lejano de una España negra y yerma. Pero es cierto que a nadie le gusta comer viendo en la televisión a niños famélicos presos de hordas de moscas.

 España es un país racista (y no lo digo yo, son los extranjeros que vienen aquí). Pero llama la atención con qué diferencia tratamos al morito que llega en patera frente al jeque árabe que pasea sus lorzas abyectas por las tiendas de Puerto Banús.

 Hace unos días nos visitó la consorte del último Premio Nóbel de la Paz y la reacción de autoridades, periodistas y vulgo en general dista mucho de ser la que ofrecemos a otros negros que deambulan por nuestra piel de toro. Las heladerías no se vacían cuando entra un negro, sencillamente no se le deja entrar.

 Y es que, a pesar de lo que intentamos creernos, en España no tenemos recelo a otras nacionalidades, se lo tenemos a la pobreza.

 Nos enerva ver a un niño descalzo, a un negrito vendiendo en la calle o a un sudamericano sirviendo cañas. Porque ellos son los que se empeñan en existir, son nuestros existencialistas.

 Lo cantaba hace unos años un gran grupo de rock que tuvo más éxito fuera de España que aquí, a pesar de que su valor venía por las soflamas de sus letras: Ska-P…”Ley de extranjería para el jeque millonario y para la reina Sofía”.

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Periodismo escatológico

abril 26, 2010

Hay personajillos que campan por sus columnas como el sapo de dermis mucosa lo hace en su charca, con la seguridad de que es su territorio.

Hay columnistas que se mueven en su rescoldo diario como el rodríguez en verano, que sabiéndose dueño de su casa camina por el pasillo rascándose sin pudor por delante y por detrás. 

Hay columnistas a sueldo que excretan  en su letrina pública y a la vez se exoneran ellos mismos del hedor que dejan echando la culpa al otro.

Hay columnistas, que emulando al pinche de El Bulli, deconstruyen las heces y las convierten en frases: distinta forma pero la misma materia.

Hay columnistas que amanecen depositando el meconio en el plumín y anochecen deponiendo en una cuartilla lo que dan de sí.

Hay columnistas que padecen de encopresis mental y van dejando su rastro fétido tan personal.

Hay columnistas que tienen la suerte de que ni su padre ni su madre forman parte de ese millón de enfermos de Alzheimer que hay en España. Y aunque lo fueran, encontrarían alguna boliviana o ecuatoriana que les cambira el pañal y les dejara bien lustrosos para recibir a las visitas.

Hay columnistas, que conjugan el tipo de querubín de sacristía con el de onanista compulsivo y hacen de la enfermedad del otro motivo de chanza y burla.

 Y hay periódicos, venidos a menos o incluso a nada, que en su día, con el estómago bien agradecido a la dictadura, fueron el ABC del periodismo y hoy dan cobijo a abyectos y mezquinos juntaletras.

 Hay pendejos vomitivos como el de la foto que son capaces de escribir cosas como esta:

 La asistencia de un Pasqual Maragall enfermo de Alzheimer al aquelarre de la Complutense es una alegoría que Quevedo no hubiese dejado escapar, para explicar satíricamente en qué consiste la «memoria histórica». Si Funes el memorioso, el personaje de Borges, hubiese asistido al aquelarre de la Complutense habría salido de allí con la impresión de que su implacable memoria era «como un vaciadero de basuras»; algo de lo que no tendrá que preocuparse Maragall, quien tal vez a la conclusión del aquelarre ya no recordase las palabras de Villarejo, ni siquiera si el tal Villarejo era jurista o vendedor de crecepelos

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En Seseña sólo hay víctimas

abril 12, 2010

La adolescencia es como un espectáculo de prestidigitación: nada por aquí, nada por allá y de repente ¡zas! un conejo.

Los cambios físicos y hormonales se acompañan del inicio de los deberes y derechos ciudadanos. Así por ejemplo, una niña de 12 años debe de ir en coche de sus padres llevando una silla especial, pero cuando cumple 13 puede tener relaciones sexuales consentidas. Con 14 ya se puede casar, pero en su boda tendrá prohibido fumar. Con 15 no puede beber alcohol y a los 16 aborta con permiso de los padres, de momento. A los 17 debe elegir su futuro profesional pero hasta los 18 no podrá elegir el de su país.

Un galimatías en el que el adolescente no sabe dónde se encuentra. Joven para unas cosas, demasiado mayor para otras.

La suerte que tienen estos adolescentes es que sí hay gente que tiene más claro dónde están y cuáles son sus obligaciones.

El triste suceso de Seseña en donde una ¿chica? (francamente, no sé cómo definirla) de 14 años ha matado a otra de 13 ha vuelto a despertar la conciencia de los Torquemadas del siglo XXI. ¡A la cárcel con ella! ¡Que cumpla la condena íntegra! ¡Acabemos con los asesinos de nuestros hijos!

Curiosamente, como el mago del conejo, éstos mismos que con 14 años la consideran suficientemente madura para afrontar la pena de un adulto, son los que cuando tiene 16 y se queda embarazada vuelven a llamarla niña. ¡Hacer abortar a una criatura de 16 años! Gritan descompuestos y con los ojos irrigados de sangre.

Lo queramos o no, nuestro Código Penal, uno de los más estrictos y rígidos de Europa (prueba de ello es el hacinamiento que viven nuestras cárceles) considera a un ¿chica? de 14 años menor, y por lo tanto se le aplica un Régimen Disciplinario de menores. ¡En un par de años estará en la calle otra vez matando! Gritan los más rudos.

En el caso de Seseña, que ha vuelto a abrir la caja de Pandora de la Justicia Popular (o populista), lo que más me ha extrañado es que no he oído ni leído mención alguna a los padres de la chica convicta. No sé nada sobre cómo ha sido su educación, qué amor se le ha transmitido, en qué ambiente se ha criado, y si alguien la escuchaba cuando necesitaba contar algo.

Sin duda la responsabilidad penal es de ella. Pero hay otras responsabilidades que llevan a una ¿chica? de 14 años a matar y que se escapan de su control para caer en nuestro campo, el de los adultos. Las chicas de 14 años no matan. Las chicas de 14 años se divierten con sus amigos, flirtean con sus primeros amores y se llenan la pared de pósters de actores y cantantes.

¿Qué lleva a alguien de 14 años a convertirse en asesina? Busquemos un argumento convincente y expliquémoselo a ella. Porque seguro que necesita tantas respuestas como su víctima.

Pobre la víctima. Pobre el verdugo.

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Los sueños rotos

febrero 15, 2010

 

 Mis queridos niños:

 ¿Habéis visto esa foto? ¿A qué parece que están tomando el sol en la playa?

¡Cómo nos gusta la playa! Los castillos de arena, el Frigopie que siempre pide Manuel, las olas que nos hacen correr cuando se acercan a la orilla. A mí me gustaría estar allí ahora. ¿Y a vosotros?

A esa misma playa podíamos ir este verano porque seguramente está en las Islas Canarias: Fuerteventura, Hierro, Lanzarote…

Encontraremos a gente igual que los de la foto. Boca arriba. Bien untados de crema para ponerse morenos cuando vuelvan a sus casas en Inglaterra, Francia o Alemania, por ejemplo.

Los cuatro de la foto no volverán más. Básicamente por dos razones. La primera porque nunca habían pensado en volver. Se fueron un día de su casa para siempre. Y la segunda es porque se han ido para siempre de verdad, están muertos.

Esos cuatro chicos que no llegan a los 18 años, decidieron embarcarse un día en una endeble patera para vivir mejor. Sabían que se jugaban la vida por un futuro mejor, pero es que donde ellos viven el futuro ni es mejor ni peor, no existe.

Para llegar a esta playa y mostrarse así, boca arriba, seguramente tuvieron que caminar cientos de kilómetros, es probable que les robaran, les engañaran, se pusieran enfermos, se cayeran, se levantaran y lloraran por la noche. Pero siempre sin dejar de soñar con un futuro. Y un día alguien, a cambio de más dinero del que pueden ganar en su país les subió a un trozo de madera que llaman cayuco.

Su objetivo era el mismo que el nuestro, llegar a esa playa. Nosotros en bañador y ellos en chándal. Todos queremos poner el pie en esa playa.

Ellos ya lo han hecho. Lo han conseguido. Han hecho realidad su sueño. Un sueño más importante que el que podáis llegar a tener vosotros en toda vuestra vida. Ya están en la playa.

El problema como os he dicho es que les falta vida para ponerse en pie y caminar. De haberla tenido, tampoco podrían decir que hubieran cumplido su sueño. Por delante les quedaría la marginalidad, la penuria, el hambre, la mentira, el desprecio, el sueño roto y la ilusión truncada.

Su madre, confiará en que su hijo lo logró y ha alcanzado una vida mejor, la que ella no pudo tener. Y todos los días esperará la llegada de algún chaval para avisarle de que tiene una llamada, que su hijo quiere hablar con ella. Esa llamada nunca llegará y cada día que pase el dolor será más intenso, porque esa madre se irá convenciendo de que ha perdido un hijo. Y el sentimiento de ser madre es universal. No entiende de países o culturas.

Vosotros hijos míos poco podéis hacer para evitar que surja esa necesidad de huir. Pero cuando os crucéis con ellos en la calle, cuando estéis frente a uno de ellos, de los que pudieron poner el pie en la playa con vida, no olvidéis que sólo intenta que no se le rompa su sueño. No permitáis que nadie lo haga. Y si es posible, ayudadle a hacerlo realidad.