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La vida ocurre entre bambalinas

marzo 8, 2010

La foto que acompaña este texto la tomé hace un par de meses en el Metro de Madrid. Me llamó la atención porque a pesar de tener toda la razón nunca había reparado en ello. De repente me vino a la cabeza la película de Dumbo y como la madre es encadenada y castigada.

 Ya digo, nunca había reparado en la crueldad del circo y desde muy pequeño había sido consciente de ella.

 Pero más allá de una simple (y no menos necesaria) defensa de la dignidad de los animales, la denuncia que acompaña la foto me anima a haceros reflexionar sobre el precio del éxito.

 A lo largo de la vida, en este mundo en que vivís, os encontraréis todo tipo de mensajes que despertarán vuestro interés: Un coche rápido, un futbolista aclamado, un personaje de TV famoso, una cazadora chula, una playa de fina arena y sol comedido o, por ejemplo, un entretenido circo con elefantes diestros y fieras sumisas.

 Os intentarán vender que todo esto es posible y que es real. Que podéis acceder a ello. Que alguien lo ha puesto ahí para que lo disfrutéis. Y en cierto sentido es verdad. Es para vosotros.

 Pero no olvidéis que detrás de cada uno de esos iconos, hay una realidad más oscura que la crea y mantiene. Todos los cruceros tienen una sala de máquinas bien abajo donde los operarios, con luz artificial, calor extremo y extenuados mueven (en todos los sentidos) el barco.

 Trabajadores en régimen de semiesclavitud, futbolistas fracasados que nunca vieron su sueño hecho realidad, personajes que venden su alma (si no su cuerpo) para salir en televisión, animales desollados para revestir vuestra cazadora con lustrosas pieles, terrenos expropiados sin contemplaciones para levantar complejos turísticos y, por ejemplo, animales maltratados que harán vuestras delicias cuando os sean presentados sin que lleguéis a percibir el terror que les dirige.

 En este mundo que vivís hay un mundo que no veis y sin embargo existe. Éste es el mundo entre bambalinas.

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Y esta otra España

enero 11, 2010

Pequeños míos: seguro que muchas veces por la carretera desde el coche habéis visto en el campo toros negros y grandes de madera. Otras veces, los habréis visto de verdad, en las praderas, comiendo o descansando.

 Desgraciadamente, es probable que alguna vez hayáis encendido la televisión y hayáis visto a esos mismos toros sangrando, con lanzas y con espadas clavadas en el lomo.

 ¿Os habéis fijado que mientras eso ocurre hay un montón de gente que aplaude y grita? Porque dicen que eso es cultura. Igual que unos pintan cuadros y otros hacen esculturas o escriben libros, hay gente que dice que es bueno porque se lleva haciendo muchos años en España.

 Pero sólo en nuestro país se permiten estas animaladas, porque en la plaza sólo hay animales, unos de negro y otros con trajes de luces.

 No os creáis los que dicen que el toro no sufre cuando le atraviesan con espadas. Como vosotros, tiene lo que se llama Sistema Nervioso Central, pero no puede hablar y no se puede quejar.

 Otros dicen que el torero, el asesino de animales, y el toro están en igualdad de condiciones. Pero tampoco es cierto porque siempre gana el torero asesino.

 Hace muchos millones de años las personas éramos monos. Y nos comíamos unos a otros y vivíamos en los árboles. Las cosas no se mantienen porque lleven muchos años haciéndose. Ya no nos comemos entre nosotros ni, por ejemplo, se quema a los que no creen en Dios (del que ya os hablaré también otro día).

 Con el tiempo somos cada vez más civilizados y eso implica respetar a los animales porque todos formamos parte del mismo ecosistema.

 Mis pequeños, nunca permitáis que un animal, sea un toro, un burro o una gallina sirva para entretener a nadie. Porque os aseguro que nosotros les necesitamos más a ellos que ellos a nosotros y cuanto más daño les hacemos más nos acercamos evolutivamente a ellos.